miércoles, 30 de junio de 2010

Con el tiro del final


Ese zurdazo que todos vislumbraban como un posible bombazo, terminó siendo suave, esquinado y sutil. Ese zurdazo desató la alegría y el festejo desmesurado en Pretoria, en Asunción y muchos otros rincones del planeta. Ese zurdazo de Tacuara Cardozo hizo historia. Gracias a él, Paraguay está por primera vez en cuartos de final de un Mundial.
El aburrido 0 a 0 que habían entregado los 120 minutos de juego llevó a la primera definición por penales del Mundial. Paraguayos y japoneses se respetaron demasiado durante el encuentro y ninguno se animó a torcer la historia de un partido que en varios pasajes fue un verdadero dolor de ojos. Japón sólo inquietó a Villar con disparos desde media distancia, que entre las buenas intervenciones del arquero y el travesaño sólo quedaron en amenazas.
Del lado de los guaraníes, apenas algunas intervenciones del argentino Lucas Barrios, que formó dupla de ataque con Roque Santa Cruz, pudieron llevar algo de peligro al arco japonés, pero parecía que el destino quería que todo se defina desde lo doce pasos. Para colmo, otro argentino, Ortigoza, se fue reemplazado en el segundo tiempo y Paraguay perdió a un hombre clave para los penales. Claro está que la intención de Martino era definirlo antes, pero no pudo.
El tiempo suplementario sólo entregó una cabezazo por lado para sacudir la modorra pero todo quedó en tablas. Entonces llegaron los penales, el que Komano tiró al travesaño y el que Cardozo colocó con calidad para definir una serie cerradísima.
Sin José Luis Félix Chilavert, especialista en la materia, pero con las ganas de hacer historia, el equipo de Gerardo Martino accedió por primera vez a una serie de cuartos de final y se verá mano a mano frente a la temible España. La suerte está echada, y la fe más que intacta. Será cuestión de esperar el sábado para buscar seguir escribiendo la historia.

Cuando quiere te vuelve loco


El buen juego colectivo, la potencia de ataque y la premisa de ir al frente siempre, sea cual sea el resultado que Marcelo Bielsa le impone a sus equipos, sumado a lo poco que había demostrado Brasil en este Mundial hacían prever que el partido de octavos de final entre chilenos y brasileños sería, por lo menos, peleado. Los primeros 30 minutos del encuentro así lo fueron. Pero a Brasil se le ocurrió poner segunda, y chau. Ya no hubo nada que hacer para los de Bielsa, que se vuelven a casa tras ser goleados y por momentos bailados por una Selección que, cuando quiere, parece ser capaz de pintarle la cara a cualquiera.
Se dice que Brasil tiene un comportamiento particular en los Mundiales: regula en la primera fase, demostrando debilidad, y arranca a jugar en serio cuando tiene que hacerlo, a partir de octavos. Este Mundial 2010 no parece ser la excepción. En la fase de grupos, el Scratch apenas derrotó por 2 a 1 a la débil Corea del Norte, triunfó ante Costa de Marfil 3 a 1 y empató, reservando varios de sus titulares, ante Portugal 0 a 0. Por eso cuando el fixture sentenció que el rival sería Chile en octavos, todos creyeron que el batacazo trasandino era posible. Pero nada de eso sucedió, ni estuvo cerca de suceder. Brasil está más vivo que nunca.
Luego de un período de estudio entre ambos equipos, la verdeamarelha comenzó a encontrar los espacios que dejaban los chilenos en defensa y pegó en el momento justo. Primero con un potente cabezazo de Juan y luego con una gran combinación colectiva que terminó con Luis Fabiano eludiendo al arquero para marcar el 2 a 0, Brasil sentenció el partido antes del descanso. Como para descansar tranquilo.
El segundo tiempo fue más de lo mismo. Si bien Chile intentó un poco más sabiendo que se estaba yendo a casa, la falta de fútbol de Humberto Suazo se notó, y mucho. En lo que fue quizás el mejor momento de su rival, Brasil decidió cerrar la cortina. Un contraataque letal que coronó Robinho con una gran definición le puso el moño a una goleada más que merecida.
Chile y el Loco Bielsa se despidieron del Mundial, aunque ya se habla de una renovación con el argentino por cinco años más. Los de Dunga, por su parte, tendrán que verse las caras con Holanda en cuartos. Será un rival duro, aunque parece que los brasileños se despertaron de la siesta y están más enchufados que nunca. Con todo lo que eso significa.

martes, 29 de junio de 2010

Naranja madura


Son cuatro los triunfos consecutivos que acumula en este Mundial. Son doce los éxitos si se le suman amistosos y eliminatorias. Arrancó de abajo, a la sombra de los candidatos de siempre, pero de a poco se va metiendo en la boca de todos. Holanda está, señores. Y parece estar mejor que nunca.
Tras las victorias ante Dinamarca, Japón y Camerún de la primera fase, la Naranja tenía que verse las caras ante la cenicienta del Mundial, Eslovaquia, que accedió a la segunda fase por primera vez en su historia tras dejar afuera nada menos que a Italia en la fase de grupos. Es por esto que, más allá de que las apuestas la daban como amplia favorita, Holanda debía confirmar en el verde césped dicho favoritismo. Y lo hizo sin sobresaltos, casi sin transpirar, mostrando su potencial de a ratos pero con la seguridad de los grandes.
Con Arjen Robben ya recuperado (se había perdido la mayor parte de la primera fase), Holanda encaró el partido dispuesto a convertir de entrada para asegurarse el resultado. Consiguió su objetivo a los 17 minutos, cuando Robben frotó la lámpara, arrancó de derecha a izquierda y clavó un zurdazo que se coló bien abajo del arco eslovaco, para darle la ventaja que tanto había buscado.
Con el gol llegó la tranquilidad, porque Holanda nunca sufrió para mantener el resultado y Eslovaquia nunca encontró los caminos para inquietar a una defensa muy firme. Sin embargo, y a pesar de buscarlo durante todo el encuentro, los holandeses encontraron el segundo gol cuando sólo faltaban siete minutos para el final del partido. Esta vez el encargado fue Sneijder, el jugador del Inter campeón de la Champions, que empujó la pelota tras un centro de Kuyt. Para el final sólo quedó el consuelo del descuento para Eslovaquia, que se vio beneficiada por un penal que inventó el mexicano Mallenco y que el goleador Vittek cambió por gol.
Holanda llegó hasta cuartos sin tener que hacer demasiado. Sin embargo, con poco le alcanzó para demostrar que tiene con qué buscar su primer Mundial. Claro que ahora, su rival será Brasil, el equipo al que todos quieren evitar. Será tiempo de demostrar que los doce partidos, la solidez defensiva y la calidad de sus atacantes no fueron casualidad. Será tiempo de demostrar que la Naranja está ahora más madura que nunca.

Fue sin querer queriendo *


Una victoria es una victoria. Más aún en una fase decisiva, en la que un mínimo error te puede dejar afuera. Sin embargo, queda la sensación de que el triunfo ante México no dejó el mismo sabor dulce que habían entregado los triunfos de la primera fase ¿Las razones? Principalmente dos: la primera, el grosero error de la terna arbitral italiana que le permitió a Argentina abrir el marcador de un partido que venía chivo, y la segunda, la merma en el rendimiento del equipo con respecto a los anteriores partidos, como llamado de atención teniendo en cuenta que se viene nada menos que Alemania, un equipo que no te perdona.
La propuesta de Diego Maradona para afrontar el partido de octavos de final fue prácticamente la misma que venía entregando, con algunos cambios de nombres. Buscando solidez defensiva, Nicolás Otamendi ocupó el andarivel derecho junto a Maxi Rodríguez, que sacó del equipo a Juan Sebastián Verón para darle un poco más de explosión y marca al mediocampo. Arriba, los de siempre, el tridente Messi, Tévez e Higuaín más las constantes subidas de Angel Di María.
De entrada quedó claro que México no se parecía en nada a los rivales que tuvo que sortear Argentina en la primera fase. Con un buen circuito en mitad de cancha y la velocidad de Hernández en la delantera, los de Javier Aguirre se le plantaron de igual a igual a los albicelestes y avisaron con un potente remate de Guardado que venció a Romero y terminó por estrellarse en el travesaño.
El equipo argentino no encontraba la pelota pero sí se iba a encontrar con el primero de los regalitos de la noche sudafricana. A los 26, el árbitro Rosseti no vio una clarísima posición adelantada de Tévez en el área chica y convalidó un gol increíble. Con el arquero vencido, Messi remató por arriba de dos defensores mexicanos que esperaban en el área chica y por atrás, más que solo, apareció el de Fuerte Apache, que cabeceó a la red y desató el festejo. Pero claro, al toque, la repetición del gol en la pantalla gigante del estadio hizo caer en la cuenta a los mexicanos y hasta al propio juez de línea italiano del gravísimo error que acababa de cometer, pero ya no había vuelta atrás. Rosseti corrió a la mitad del campo, con más vergüenza que otra cosa y los mexicanos perdieron los estribos. Márquez se olvidó del compañerismo en el Barcelona, sacudió a Messi y se ganó la amarilla.
A los 32 iba a llegar el segundo de los presentes que le tenían preparado al team de Diego. Osorio se contagió de la fiebre Messi y se creyó que él tenía la misma habilidad que Lío. En una salida, quiso ensayar una pisada y terminó por regalarle la pelota a Higuaín, que agradeció el regalo pisando la pelota sobre la salida de Pérez y decretando el 2 a 0, para comenzar a definir las cosas.
A partir de ahí, Argentina se hizo dueño del partido y México parecía quebrado. Sin embargo, los desacoples defensivos seguían apareciendo y Heinze tuvo que salvar dos veces en la línea la valla argentina.
En el comienzo del complemento, Tévez iba a dejar en claro que no sólo vive de regalos. Con un poco de fortuna se llevó la pelota ante la marca de dos mexicanos y sacó un fulminante remate que entró pidiendo permiso al ángulo izquierdo del arco del pobre de Pérez, que se estiró sólo para ser incluido en las instantáneas de la obra de arte de Carlitos. El 3 a 0 era mentiroso, pero el golazo de Tévez bien valió el aireado festejo de todo el equipo, incluido Diego y todo el banco de suplentes.
Llamativamente, con el 3 a 0 a favor, Argentina retrocedió y le cedió el balón al Tri. Para peor, Maradona mandó a la cancha a Verón por Tévez, que se fue refunfuñando contra el entrenador y el equipo se metió más atrás todavía. Messi tenía que bajar mucho para recibir la pelota y hacer un largo recorrido hasta el área rival, por lo que las ocasiones en lo que lograba ya no aparecían.
Sumado a esto, México logró el descuento porque Demichelis se durmió en la marca de Chicharito Hernández y el delantero de las Chivas no perdonó.
Pero hasta ahí llegó México. Lo que quedó de partido sirvió para que Messi tenga su chance de convertir, que Pérez terminó ahogando con una gran volada y para que Maradona comience a pensar en los ajustes que deberá hacer para enfrentar a Alemania, un equipo que seguramente no tenga preparados los mismo regalitos que sí tuvo México.
Con la clasificación a cuartos consumada, será tiempo de replanteo y análisis. Se viene Alemania y el márgen de error es cada vez menor. La prueba de fuego será el sábado, y Argentina tiene con qué afrontarla. Claro que, esta vez, tendrá que hacer más méritos y no depender de errores ajenos para seguir en carrera. Para que no sea sin querer. Para que esta vez sea queriendo.

*Nuevamente, créditos a la editora (tantas notas te hacen quedar seco de imaginación para titular).

Es un afano (x2)


Si bien ya pasaron dos largos días y toda la tela está más que cortada, el triunfo de Alemania sobre Inglaterra en el clásico europeo de octavos de final sigue dando que hablar. Desde este blog se asegura que fue afano no sólo por el increíble gol de Lampard que el línea uruguayo no vio o no quiso ver, sino porque, previa y posteriormente a ese trascendental fallo, los teutones le dieron a sus pares ingleses una lección de fútbol y toque pocas veces vista.
En el 28º enfrentamiento en la historia de estas dos míticas selecciones, Alemania prevaleció con la fórmula que mejor le cabe: solidez defensiva y explosión de mitad de cancha para adelante. Con esta fórmula, el equipo de Low salió decidido a atacar desde el minuto 0. Enfrente, el alicaído Inglaterra de Fabio Capello, que había entrado a octavos pidiendo permiso, tomó la errónea decisión de esperar a Alemania, y cuando se quiso acordar ya estaba dos goles abajo. Un pelotazo larguísimo del arquero Neuere encontró al letal Miroslav Klose, que le ganó en el mano a mano a Upson y sentenció a James para abrir el marcador. Minutos después, a los 32, una fulminante combinación entre los movedizos Özil y Müller terminó en los pies de Lucas Podolski, que con un zurdazo puso el 2 a 0 y terminó de derrumbar las ilusiones inglesas.
Sin embargo, un Inglaterra agonizante atinó a sobrevivir sobre el final del primer tiempo. Primero, un frentazo de Upson tras un centro de Gerrard venció al arquero alemán y puso el 2 a 1. Inglaterra reaccionaba y había olor a partidazo. Sin embargo, un instante después llegaría el principio del fin.
A los 37 minutos, Frank Lampard sacó un potente remate que dio en el travesaño y picó casi medio metro adentro del arco alemán. Era el 2 a 2, el festejo y el desahogo de un equipo que parecía muerto. Los hinchas lo gritaron, Capello y Lampard también. Lo gritaron todos menos Mauricio Espinosa, el línea uruguayo, que hizo ojos ciegos y se mantuvo firme en su posición, como si nada hubiese pasado. El juez Larrionda tampoco hizo acuse de recibo y todo quedó en la nada, ante las aireadas y justificadas protestas inglesas. El error estaba consumado, ya no había vuelta atrás y los de Capello iban a sentir el golpe. Como en 1966, cuando le regalaron un gol que nunca fue a Inglaterra para que consiga su único título del mundo, pero al revés, la historia se repetía.
En el complemento, con el ánimo por el piso y las graves y evidentes falencias técnicas, los jugadores ingleses parecieron sombras de los alemanes. Siempre a destiempo, a otra velocidad, terminaron por resignarse ante la verdadera exhibición de fútbol que tenían enfrente. Thomas Müller terminó por recibirse de crack al anotar dos goles con el manual del contraataque en la mano. En el tercero, la manejó Schweinsteiger y Müller apareció como un rayo por la derecha para ajusticiar a James. El cuarto gol dejó en evidencia la diferencia de velocidad entre un equipo y otro. Un aislado rechazo encontró a Özil y Barry en una frenética corrida por la izquierda en busca del balón ¿El resultado de la carrera? Ganó el del Werder Bremen, por afano. Una vez dominada la pelota, el habilidoso volante se encargó de dejar a Müller con el arco libre para que el compañero de Demichelis en el Bayern le ponga el moño a la histórica goleada. Fue un afano por partida doble.
En un partido con todos los condimentos, Alemania demostró una vez más su increíble potencial y logró el pasaje a cuartos (por 15º Mundial consecutivo). En esa instancia tendrá que verse las caras con Argentina, en un duelo que promete y mucho, teniendo en cuenta que ambos equipos son los que vienen demostrando mejor fútbol. Será un partido para alquilar balcones. Esperemos que esta vez no sea un afano para los alemanes, en ninguno de los dos sentidos.

lunes, 28 de junio de 2010

Si no la empata, la Ghana*


La mejor forma de explicar la victoria de Ghana sobre Estados Unidos es tan simple como verídica: hizo los goles cuando tenía que hacerlos...y punto. Al comienzo del partido, cuando todavía los hinchas se estaban acomodando en la tribuna, y apenas empezado el tiempo suplementario, aprovechándose de la ingenuidad de los defensores estadounidenses. De esta forma, Ghana se metió por primera vez en su historia en los cuartos de un Mundial y mantiene vivo el sueño de un continente que se quedó sin cinco de sus seis representantes en la primera ronda.
En el partido que menos prometía de la llave de octavos (por lo menos en los papeles) el conjunto africano supo pegar primero (Boateng anotó tras una gran corrida) y después se dedicó a cuidar el resultado. El plan le funcionó durante todo el primer tiempo, pero en el complemento, Dempsey fue derribado en el área y el árbitro sancionó el evidente penal. El histórico Donovan cambió la pena máxima por gol y Estados Unidos consiguió la igualdad que había buscado durante todo el partido.
A partir de ahí se armó un nuevo encuentro. Ghana entendió que debía salir del fondo y comenzó a atacar. Estados Unidos se replegó pero aprovechaba los huecos que dejaban los africanos en defensa y avisaron con un par de ocasiones que no llegaron a concretar. Estaba para cualquiera de los dos.
Y así llegó el tiempo extra. Dicen que quien pega primero, pega dos veces. Y vaya si lo sabrá Ghana, que volvió a marcar por intermedio del goleador Gyan en el amanecer de la etapa y sólo tuvo que cuidarse de no cometer errores en el fondo para cumplir la hazaña. Ya sin replegarse, los morochos decidieron cuidar la ventaja con la posesión del balón, técnica que le funcionó a la perfección y que hizo que los dirigidos por Bob Bradley no se acercaran con peligro a su arco en lo que quedaba de partido. El pitazo final del árbitro desató la fiesta de la mayoría del estadio y la decepción de Bill Clinton, que miró el partido desde la platea.
Ghana, que ya hizo historia, deberá ahora verse cara a cara con el embalentonado Uruguay de Oscar Tabárez, que viene con la autoestima por las nubes. Sin embargo, los africanos ya demostraron que no regalan nada y que quieren seguir con la bandera del continente en alto. Ahora son más locales que nunca.

*Crédito del título a mi hermana y editora personal, María Marta Rodríguez Denis.

sábado, 26 de junio de 2010

Tomá mate


Se enfrentaban la garra contra la velocidad, el temperamento contra la explosión. Era un partido donde chocaban dos estilos de juego bien definidos. Por un lado, Uruguay y su rica historia mundialista, que llegaba con la esperanza de alcanzar los cuartos de final después de 40 años. Del otro, Corea del Sur, semifinalista como local en 2002, que arribaba a esta instancia por primera vez fuera de su país.
En este contexto, fueron los uruguayos quienes tomaron la iniciativa del partido, basándose siempre en la potencia de sus dos figuras de ataque, Diego Forlán y Luis Suárez. Fue precisamente una combinación entre estos dos jugadores la que derivó en la temprana apertura del marcador. A los 8, Forlán amagó por izquierda y sacó un centro rasante, que ningún coreano supo rechazar y que encontró a su compañero de ataque por el fondo, para empujar la pelota y estallar en un grito.
Pero curiosamente, el haber marcado tan rápido terminó perjudicando el juego uruguayo, ya que los coreanos salieron obligados a empatar y los de Tabárez comenzaron a replegarse para evitar el tanto. Sin embargo, salvo un tiro libre de Park que dio en el poste derecho de Muslera, Corea no supo encontrar los caminos para inquietar la valla uruguaya y se fue al descanso en desventaja.
Para el complemento, la insistencia coreana no cesó, y finalmente un cabezazo de Lee a los 22 minutos le dio la merecida igualdad a los asiáticos. Nuevamente, la necesidad de un triunfo obligó a Uruguay a salir del fondo y volver a atacar como en los primeros minutos del encuentro. A los 34, Luis Suárez se iba a terminar de poner el traje de héroe al agarrar la pelota en el borde izquierdo del área coreana, enganchar para adentro y sacar un derechazo exquisito al palo izquierdo del arquero, que poco pudo hacer para evitar el segundo gol uruguayo.
Para los diez minutos que quedaban, la lluvia le puso un marco de emoción a un partido que no estaba cerrado. Corea fue con todo y encontró una defensa impenetrable, sobre todo en Lugano y Godín, que sacaron todo lo que les vino. La única duda de la defensa le pudo haber costado y mucho a Uruguay. Un gran pase de Ji Sung Park entre líneas encontró un hueco entre los centrales y dejó mano a mano a Dongook frente a Muslera, pero el remate salió débil y lo terminó despejando, cuándo no, Diego Lugano.
Con angustia, sufrimiento y mucha garra, Uruguay vuelve a disputar una serie de cuartos de final de un Mundial, como en 1970, cuando llegó a las semis. Como aliciente, cabe destacar que está en la llave más accesible, ya que en cuartos los charrúas se verán las caras ante Estados Unidos o Ghana, dos equipos más que ganables. Es por eso que el sueño está más vigente que nunca. Uruguay sigue con la esperanza de repetir las hazañas de 1930 y 1950, cuando se alzó con la Copa y le dijo al mundo entero que la Celeste también existe.