miércoles, 30 de junio de 2010

Con el tiro del final


Ese zurdazo que todos vislumbraban como un posible bombazo, terminó siendo suave, esquinado y sutil. Ese zurdazo desató la alegría y el festejo desmesurado en Pretoria, en Asunción y muchos otros rincones del planeta. Ese zurdazo de Tacuara Cardozo hizo historia. Gracias a él, Paraguay está por primera vez en cuartos de final de un Mundial.
El aburrido 0 a 0 que habían entregado los 120 minutos de juego llevó a la primera definición por penales del Mundial. Paraguayos y japoneses se respetaron demasiado durante el encuentro y ninguno se animó a torcer la historia de un partido que en varios pasajes fue un verdadero dolor de ojos. Japón sólo inquietó a Villar con disparos desde media distancia, que entre las buenas intervenciones del arquero y el travesaño sólo quedaron en amenazas.
Del lado de los guaraníes, apenas algunas intervenciones del argentino Lucas Barrios, que formó dupla de ataque con Roque Santa Cruz, pudieron llevar algo de peligro al arco japonés, pero parecía que el destino quería que todo se defina desde lo doce pasos. Para colmo, otro argentino, Ortigoza, se fue reemplazado en el segundo tiempo y Paraguay perdió a un hombre clave para los penales. Claro está que la intención de Martino era definirlo antes, pero no pudo.
El tiempo suplementario sólo entregó una cabezazo por lado para sacudir la modorra pero todo quedó en tablas. Entonces llegaron los penales, el que Komano tiró al travesaño y el que Cardozo colocó con calidad para definir una serie cerradísima.
Sin José Luis Félix Chilavert, especialista en la materia, pero con las ganas de hacer historia, el equipo de Gerardo Martino accedió por primera vez a una serie de cuartos de final y se verá mano a mano frente a la temible España. La suerte está echada, y la fe más que intacta. Será cuestión de esperar el sábado para buscar seguir escribiendo la historia.

Cuando quiere te vuelve loco


El buen juego colectivo, la potencia de ataque y la premisa de ir al frente siempre, sea cual sea el resultado que Marcelo Bielsa le impone a sus equipos, sumado a lo poco que había demostrado Brasil en este Mundial hacían prever que el partido de octavos de final entre chilenos y brasileños sería, por lo menos, peleado. Los primeros 30 minutos del encuentro así lo fueron. Pero a Brasil se le ocurrió poner segunda, y chau. Ya no hubo nada que hacer para los de Bielsa, que se vuelven a casa tras ser goleados y por momentos bailados por una Selección que, cuando quiere, parece ser capaz de pintarle la cara a cualquiera.
Se dice que Brasil tiene un comportamiento particular en los Mundiales: regula en la primera fase, demostrando debilidad, y arranca a jugar en serio cuando tiene que hacerlo, a partir de octavos. Este Mundial 2010 no parece ser la excepción. En la fase de grupos, el Scratch apenas derrotó por 2 a 1 a la débil Corea del Norte, triunfó ante Costa de Marfil 3 a 1 y empató, reservando varios de sus titulares, ante Portugal 0 a 0. Por eso cuando el fixture sentenció que el rival sería Chile en octavos, todos creyeron que el batacazo trasandino era posible. Pero nada de eso sucedió, ni estuvo cerca de suceder. Brasil está más vivo que nunca.
Luego de un período de estudio entre ambos equipos, la verdeamarelha comenzó a encontrar los espacios que dejaban los chilenos en defensa y pegó en el momento justo. Primero con un potente cabezazo de Juan y luego con una gran combinación colectiva que terminó con Luis Fabiano eludiendo al arquero para marcar el 2 a 0, Brasil sentenció el partido antes del descanso. Como para descansar tranquilo.
El segundo tiempo fue más de lo mismo. Si bien Chile intentó un poco más sabiendo que se estaba yendo a casa, la falta de fútbol de Humberto Suazo se notó, y mucho. En lo que fue quizás el mejor momento de su rival, Brasil decidió cerrar la cortina. Un contraataque letal que coronó Robinho con una gran definición le puso el moño a una goleada más que merecida.
Chile y el Loco Bielsa se despidieron del Mundial, aunque ya se habla de una renovación con el argentino por cinco años más. Los de Dunga, por su parte, tendrán que verse las caras con Holanda en cuartos. Será un rival duro, aunque parece que los brasileños se despertaron de la siesta y están más enchufados que nunca. Con todo lo que eso significa.

martes, 29 de junio de 2010

Naranja madura


Son cuatro los triunfos consecutivos que acumula en este Mundial. Son doce los éxitos si se le suman amistosos y eliminatorias. Arrancó de abajo, a la sombra de los candidatos de siempre, pero de a poco se va metiendo en la boca de todos. Holanda está, señores. Y parece estar mejor que nunca.
Tras las victorias ante Dinamarca, Japón y Camerún de la primera fase, la Naranja tenía que verse las caras ante la cenicienta del Mundial, Eslovaquia, que accedió a la segunda fase por primera vez en su historia tras dejar afuera nada menos que a Italia en la fase de grupos. Es por esto que, más allá de que las apuestas la daban como amplia favorita, Holanda debía confirmar en el verde césped dicho favoritismo. Y lo hizo sin sobresaltos, casi sin transpirar, mostrando su potencial de a ratos pero con la seguridad de los grandes.
Con Arjen Robben ya recuperado (se había perdido la mayor parte de la primera fase), Holanda encaró el partido dispuesto a convertir de entrada para asegurarse el resultado. Consiguió su objetivo a los 17 minutos, cuando Robben frotó la lámpara, arrancó de derecha a izquierda y clavó un zurdazo que se coló bien abajo del arco eslovaco, para darle la ventaja que tanto había buscado.
Con el gol llegó la tranquilidad, porque Holanda nunca sufrió para mantener el resultado y Eslovaquia nunca encontró los caminos para inquietar a una defensa muy firme. Sin embargo, y a pesar de buscarlo durante todo el encuentro, los holandeses encontraron el segundo gol cuando sólo faltaban siete minutos para el final del partido. Esta vez el encargado fue Sneijder, el jugador del Inter campeón de la Champions, que empujó la pelota tras un centro de Kuyt. Para el final sólo quedó el consuelo del descuento para Eslovaquia, que se vio beneficiada por un penal que inventó el mexicano Mallenco y que el goleador Vittek cambió por gol.
Holanda llegó hasta cuartos sin tener que hacer demasiado. Sin embargo, con poco le alcanzó para demostrar que tiene con qué buscar su primer Mundial. Claro que ahora, su rival será Brasil, el equipo al que todos quieren evitar. Será tiempo de demostrar que los doce partidos, la solidez defensiva y la calidad de sus atacantes no fueron casualidad. Será tiempo de demostrar que la Naranja está ahora más madura que nunca.

Fue sin querer queriendo *


Una victoria es una victoria. Más aún en una fase decisiva, en la que un mínimo error te puede dejar afuera. Sin embargo, queda la sensación de que el triunfo ante México no dejó el mismo sabor dulce que habían entregado los triunfos de la primera fase ¿Las razones? Principalmente dos: la primera, el grosero error de la terna arbitral italiana que le permitió a Argentina abrir el marcador de un partido que venía chivo, y la segunda, la merma en el rendimiento del equipo con respecto a los anteriores partidos, como llamado de atención teniendo en cuenta que se viene nada menos que Alemania, un equipo que no te perdona.
La propuesta de Diego Maradona para afrontar el partido de octavos de final fue prácticamente la misma que venía entregando, con algunos cambios de nombres. Buscando solidez defensiva, Nicolás Otamendi ocupó el andarivel derecho junto a Maxi Rodríguez, que sacó del equipo a Juan Sebastián Verón para darle un poco más de explosión y marca al mediocampo. Arriba, los de siempre, el tridente Messi, Tévez e Higuaín más las constantes subidas de Angel Di María.
De entrada quedó claro que México no se parecía en nada a los rivales que tuvo que sortear Argentina en la primera fase. Con un buen circuito en mitad de cancha y la velocidad de Hernández en la delantera, los de Javier Aguirre se le plantaron de igual a igual a los albicelestes y avisaron con un potente remate de Guardado que venció a Romero y terminó por estrellarse en el travesaño.
El equipo argentino no encontraba la pelota pero sí se iba a encontrar con el primero de los regalitos de la noche sudafricana. A los 26, el árbitro Rosseti no vio una clarísima posición adelantada de Tévez en el área chica y convalidó un gol increíble. Con el arquero vencido, Messi remató por arriba de dos defensores mexicanos que esperaban en el área chica y por atrás, más que solo, apareció el de Fuerte Apache, que cabeceó a la red y desató el festejo. Pero claro, al toque, la repetición del gol en la pantalla gigante del estadio hizo caer en la cuenta a los mexicanos y hasta al propio juez de línea italiano del gravísimo error que acababa de cometer, pero ya no había vuelta atrás. Rosseti corrió a la mitad del campo, con más vergüenza que otra cosa y los mexicanos perdieron los estribos. Márquez se olvidó del compañerismo en el Barcelona, sacudió a Messi y se ganó la amarilla.
A los 32 iba a llegar el segundo de los presentes que le tenían preparado al team de Diego. Osorio se contagió de la fiebre Messi y se creyó que él tenía la misma habilidad que Lío. En una salida, quiso ensayar una pisada y terminó por regalarle la pelota a Higuaín, que agradeció el regalo pisando la pelota sobre la salida de Pérez y decretando el 2 a 0, para comenzar a definir las cosas.
A partir de ahí, Argentina se hizo dueño del partido y México parecía quebrado. Sin embargo, los desacoples defensivos seguían apareciendo y Heinze tuvo que salvar dos veces en la línea la valla argentina.
En el comienzo del complemento, Tévez iba a dejar en claro que no sólo vive de regalos. Con un poco de fortuna se llevó la pelota ante la marca de dos mexicanos y sacó un fulminante remate que entró pidiendo permiso al ángulo izquierdo del arco del pobre de Pérez, que se estiró sólo para ser incluido en las instantáneas de la obra de arte de Carlitos. El 3 a 0 era mentiroso, pero el golazo de Tévez bien valió el aireado festejo de todo el equipo, incluido Diego y todo el banco de suplentes.
Llamativamente, con el 3 a 0 a favor, Argentina retrocedió y le cedió el balón al Tri. Para peor, Maradona mandó a la cancha a Verón por Tévez, que se fue refunfuñando contra el entrenador y el equipo se metió más atrás todavía. Messi tenía que bajar mucho para recibir la pelota y hacer un largo recorrido hasta el área rival, por lo que las ocasiones en lo que lograba ya no aparecían.
Sumado a esto, México logró el descuento porque Demichelis se durmió en la marca de Chicharito Hernández y el delantero de las Chivas no perdonó.
Pero hasta ahí llegó México. Lo que quedó de partido sirvió para que Messi tenga su chance de convertir, que Pérez terminó ahogando con una gran volada y para que Maradona comience a pensar en los ajustes que deberá hacer para enfrentar a Alemania, un equipo que seguramente no tenga preparados los mismo regalitos que sí tuvo México.
Con la clasificación a cuartos consumada, será tiempo de replanteo y análisis. Se viene Alemania y el márgen de error es cada vez menor. La prueba de fuego será el sábado, y Argentina tiene con qué afrontarla. Claro que, esta vez, tendrá que hacer más méritos y no depender de errores ajenos para seguir en carrera. Para que no sea sin querer. Para que esta vez sea queriendo.

*Nuevamente, créditos a la editora (tantas notas te hacen quedar seco de imaginación para titular).

Es un afano (x2)


Si bien ya pasaron dos largos días y toda la tela está más que cortada, el triunfo de Alemania sobre Inglaterra en el clásico europeo de octavos de final sigue dando que hablar. Desde este blog se asegura que fue afano no sólo por el increíble gol de Lampard que el línea uruguayo no vio o no quiso ver, sino porque, previa y posteriormente a ese trascendental fallo, los teutones le dieron a sus pares ingleses una lección de fútbol y toque pocas veces vista.
En el 28º enfrentamiento en la historia de estas dos míticas selecciones, Alemania prevaleció con la fórmula que mejor le cabe: solidez defensiva y explosión de mitad de cancha para adelante. Con esta fórmula, el equipo de Low salió decidido a atacar desde el minuto 0. Enfrente, el alicaído Inglaterra de Fabio Capello, que había entrado a octavos pidiendo permiso, tomó la errónea decisión de esperar a Alemania, y cuando se quiso acordar ya estaba dos goles abajo. Un pelotazo larguísimo del arquero Neuere encontró al letal Miroslav Klose, que le ganó en el mano a mano a Upson y sentenció a James para abrir el marcador. Minutos después, a los 32, una fulminante combinación entre los movedizos Özil y Müller terminó en los pies de Lucas Podolski, que con un zurdazo puso el 2 a 0 y terminó de derrumbar las ilusiones inglesas.
Sin embargo, un Inglaterra agonizante atinó a sobrevivir sobre el final del primer tiempo. Primero, un frentazo de Upson tras un centro de Gerrard venció al arquero alemán y puso el 2 a 1. Inglaterra reaccionaba y había olor a partidazo. Sin embargo, un instante después llegaría el principio del fin.
A los 37 minutos, Frank Lampard sacó un potente remate que dio en el travesaño y picó casi medio metro adentro del arco alemán. Era el 2 a 2, el festejo y el desahogo de un equipo que parecía muerto. Los hinchas lo gritaron, Capello y Lampard también. Lo gritaron todos menos Mauricio Espinosa, el línea uruguayo, que hizo ojos ciegos y se mantuvo firme en su posición, como si nada hubiese pasado. El juez Larrionda tampoco hizo acuse de recibo y todo quedó en la nada, ante las aireadas y justificadas protestas inglesas. El error estaba consumado, ya no había vuelta atrás y los de Capello iban a sentir el golpe. Como en 1966, cuando le regalaron un gol que nunca fue a Inglaterra para que consiga su único título del mundo, pero al revés, la historia se repetía.
En el complemento, con el ánimo por el piso y las graves y evidentes falencias técnicas, los jugadores ingleses parecieron sombras de los alemanes. Siempre a destiempo, a otra velocidad, terminaron por resignarse ante la verdadera exhibición de fútbol que tenían enfrente. Thomas Müller terminó por recibirse de crack al anotar dos goles con el manual del contraataque en la mano. En el tercero, la manejó Schweinsteiger y Müller apareció como un rayo por la derecha para ajusticiar a James. El cuarto gol dejó en evidencia la diferencia de velocidad entre un equipo y otro. Un aislado rechazo encontró a Özil y Barry en una frenética corrida por la izquierda en busca del balón ¿El resultado de la carrera? Ganó el del Werder Bremen, por afano. Una vez dominada la pelota, el habilidoso volante se encargó de dejar a Müller con el arco libre para que el compañero de Demichelis en el Bayern le ponga el moño a la histórica goleada. Fue un afano por partida doble.
En un partido con todos los condimentos, Alemania demostró una vez más su increíble potencial y logró el pasaje a cuartos (por 15º Mundial consecutivo). En esa instancia tendrá que verse las caras con Argentina, en un duelo que promete y mucho, teniendo en cuenta que ambos equipos son los que vienen demostrando mejor fútbol. Será un partido para alquilar balcones. Esperemos que esta vez no sea un afano para los alemanes, en ninguno de los dos sentidos.

lunes, 28 de junio de 2010

Si no la empata, la Ghana*


La mejor forma de explicar la victoria de Ghana sobre Estados Unidos es tan simple como verídica: hizo los goles cuando tenía que hacerlos...y punto. Al comienzo del partido, cuando todavía los hinchas se estaban acomodando en la tribuna, y apenas empezado el tiempo suplementario, aprovechándose de la ingenuidad de los defensores estadounidenses. De esta forma, Ghana se metió por primera vez en su historia en los cuartos de un Mundial y mantiene vivo el sueño de un continente que se quedó sin cinco de sus seis representantes en la primera ronda.
En el partido que menos prometía de la llave de octavos (por lo menos en los papeles) el conjunto africano supo pegar primero (Boateng anotó tras una gran corrida) y después se dedicó a cuidar el resultado. El plan le funcionó durante todo el primer tiempo, pero en el complemento, Dempsey fue derribado en el área y el árbitro sancionó el evidente penal. El histórico Donovan cambió la pena máxima por gol y Estados Unidos consiguió la igualdad que había buscado durante todo el partido.
A partir de ahí se armó un nuevo encuentro. Ghana entendió que debía salir del fondo y comenzó a atacar. Estados Unidos se replegó pero aprovechaba los huecos que dejaban los africanos en defensa y avisaron con un par de ocasiones que no llegaron a concretar. Estaba para cualquiera de los dos.
Y así llegó el tiempo extra. Dicen que quien pega primero, pega dos veces. Y vaya si lo sabrá Ghana, que volvió a marcar por intermedio del goleador Gyan en el amanecer de la etapa y sólo tuvo que cuidarse de no cometer errores en el fondo para cumplir la hazaña. Ya sin replegarse, los morochos decidieron cuidar la ventaja con la posesión del balón, técnica que le funcionó a la perfección y que hizo que los dirigidos por Bob Bradley no se acercaran con peligro a su arco en lo que quedaba de partido. El pitazo final del árbitro desató la fiesta de la mayoría del estadio y la decepción de Bill Clinton, que miró el partido desde la platea.
Ghana, que ya hizo historia, deberá ahora verse cara a cara con el embalentonado Uruguay de Oscar Tabárez, que viene con la autoestima por las nubes. Sin embargo, los africanos ya demostraron que no regalan nada y que quieren seguir con la bandera del continente en alto. Ahora son más locales que nunca.

*Crédito del título a mi hermana y editora personal, María Marta Rodríguez Denis.

sábado, 26 de junio de 2010

Tomá mate


Se enfrentaban la garra contra la velocidad, el temperamento contra la explosión. Era un partido donde chocaban dos estilos de juego bien definidos. Por un lado, Uruguay y su rica historia mundialista, que llegaba con la esperanza de alcanzar los cuartos de final después de 40 años. Del otro, Corea del Sur, semifinalista como local en 2002, que arribaba a esta instancia por primera vez fuera de su país.
En este contexto, fueron los uruguayos quienes tomaron la iniciativa del partido, basándose siempre en la potencia de sus dos figuras de ataque, Diego Forlán y Luis Suárez. Fue precisamente una combinación entre estos dos jugadores la que derivó en la temprana apertura del marcador. A los 8, Forlán amagó por izquierda y sacó un centro rasante, que ningún coreano supo rechazar y que encontró a su compañero de ataque por el fondo, para empujar la pelota y estallar en un grito.
Pero curiosamente, el haber marcado tan rápido terminó perjudicando el juego uruguayo, ya que los coreanos salieron obligados a empatar y los de Tabárez comenzaron a replegarse para evitar el tanto. Sin embargo, salvo un tiro libre de Park que dio en el poste derecho de Muslera, Corea no supo encontrar los caminos para inquietar la valla uruguaya y se fue al descanso en desventaja.
Para el complemento, la insistencia coreana no cesó, y finalmente un cabezazo de Lee a los 22 minutos le dio la merecida igualdad a los asiáticos. Nuevamente, la necesidad de un triunfo obligó a Uruguay a salir del fondo y volver a atacar como en los primeros minutos del encuentro. A los 34, Luis Suárez se iba a terminar de poner el traje de héroe al agarrar la pelota en el borde izquierdo del área coreana, enganchar para adentro y sacar un derechazo exquisito al palo izquierdo del arquero, que poco pudo hacer para evitar el segundo gol uruguayo.
Para los diez minutos que quedaban, la lluvia le puso un marco de emoción a un partido que no estaba cerrado. Corea fue con todo y encontró una defensa impenetrable, sobre todo en Lugano y Godín, que sacaron todo lo que les vino. La única duda de la defensa le pudo haber costado y mucho a Uruguay. Un gran pase de Ji Sung Park entre líneas encontró un hueco entre los centrales y dejó mano a mano a Dongook frente a Muslera, pero el remate salió débil y lo terminó despejando, cuándo no, Diego Lugano.
Con angustia, sufrimiento y mucha garra, Uruguay vuelve a disputar una serie de cuartos de final de un Mundial, como en 1970, cuando llegó a las semis. Como aliciente, cabe destacar que está en la llave más accesible, ya que en cuartos los charrúas se verán las caras ante Estados Unidos o Ghana, dos equipos más que ganables. Es por eso que el sueño está más vigente que nunca. Uruguay sigue con la esperanza de repetir las hazañas de 1930 y 1950, cuando se alzó con la Copa y le dijo al mundo entero que la Celeste también existe.

viernes, 25 de junio de 2010

Están los octavos

No están Francia, Italia ni el local Sudáfrica. Eslovaquia es la sorpresa. Inglaterra-Alemania es el plato fuerte. Brasil-Chile y España-Portugal prometen mucho. Aquí están, estos son, los octavos de final del Mundial Sudáfrica 2010:

Sábado 26 de junio
11.00 hs. Puerto Elizabeth: Uruguay - Corea del Sur
15.30 hs. Rustemburgo: Estados Unidos - Ghana

Domingo 27 de junio
11.00 hs. Bloemfontein: Alemania - Inglaterra
15.30 hs. Johannesburgo (Estadio Soccer City): Argentina - México

Lúnes 28 de junio
11.00 hs. Durban: Holanda - Eslovaquia
15.30 hs. Johannesburgo (Estadio Ellis Park): Brasil - Chile

Mártes 29 de junio
11.00 hs. Pretoria: Paraguay - Japón
15.30 hs. Ciudad del Cabo: España - Portugal

Todos los horarios corresponden a la hora argentina.

Todos (casi) contentos


Basta con ver la imagen final del partido para darse cuenta el desenlace. De un lado, los jugadores, cuerpo técnico e hinchas españoles festejando por haber conseguido el objetivo de clasificar primeros. Del otro, Marcelo Bielsa y sus dirigidos, expectantes por el final de Suiza-Honduras y con la sensación de que se hizo todo lo necesario para pasar a octavos, hecho que finalmente consiguieron.
A diferencia de Brasil-Portugal, el duelo entre españoles y chilenos sí cumplió con la inmensa expectativa que había generado. Más allá del buen juego desplegado por ambos equipos en gran parte de la competencia, el aliciente era que estaba en juego no sólo la chance de quedar primeros en el grupo, sino también la posibilidad de volverse a casa en primera ronda.
Desde el comienzo, ambos conjuntos dejaron en claro su intención: atacar. En los primeros minutos, fue Chile el más claro y quien dispuso de las mejores chances para abrir el marcador. El planteo inteligente de Bielsa proponía cortar el circuito de juego español en mitad de cancha para explotar al máximo la velocidad de Beausejour y, sobre todo, de Alexis Sánchez. En ese lapso, el conjunto español fue una sombra y parecía que el tanto chileno estaba al caer.
Sin embargo, la furia fue de menor a mayor, y de a poco comenzó a emparejar las cosas. De la mano de Iniesta y Xavi, España tomó posesión exclusiva del balón y obligó a los chilenos a cargarse de faltas y tarjetas amarillas. Para colmo, a los 23, una larga e innecesaria salida de Bravo sobre la banda izquierda le permitió al flamante jugador del Barcelona, David Villa, abrir el marcador con un zurdazo desde lejos y con el arco libre.
A partir de ese momento, Chile perdió completamente los estribos y España aprovechó a la perfección los nervios de su rival. A los 36, un nuevo error en la salida, esta vez de Jara, le permitió a Iniesta armar una interesante jugada colectiva que el mismo definió para estirar la ventaja. Para peor, en la misma acción, el árbitro interpretó que Estrada agredió sin pelota y desde atrás a Fernando Torres y lo mandó a las duchas, dejando a Chile con un panorama más que negro: dos goles abajo y con un jugador menos.
La cara de Bielsa parecía decirlo todo. Al característico gesto adusto del entrenador argentino se le agregaron todo tipo de muecas e insultos hacia sus dirigidos y hacia el aire en general. Estaba claro que en el descanso iba a haber un tirón de orejas, o varios.
Sólo los jugadores saben qué fue lo que les dijo Bielsa en el entretiempo, pero sea lo que sea surtió el efecto esperado. La actitud chilena en el arranque del complemento fue completamente distinta al final de la primera parte. A pesar del hombre de menos, los trasandinos recuperaron la posesión del balón y, a los dos minutos, Millar colocó el descuento y le dio vida a un equipo que agonizaba. En el otro partido, Suiza no podía con Honduras y la clasificación estaba más cerca que nunca. España, por su parte, sacó el pie del acelerador y decidió cuidar la ventaja. Este factor, sumado al cansancio de los chilenos por el desgaste realizado hicieron que los últimos 20 minutos de partido estuvieran de más.
El pitazo final del árbitro y el empate consumado de los suizos le aseguró a España el primer puesto y la posibilidad de evitar a Brasil en octavos. En esa instancia, los de Del Bosque se verán frente a frente con Portugal, en uno de los partidos más trascendentes. Chile, por su parte, cumplió el objetivo de pasar de ronda y se convirtió en el quinto equipo sudamericano en hacerlo. En octavos tendrá que enfrentarse a Brasil, pentacampeón y eterno candidato al título. Para peor, en ese compromiso Marcelo Bielsa no podrá contar con el expulsado Jara y además tendrá que suplir a Gary Medel y Waldo Ponce, que acumularon dos amarillas.
De esta forma, Bielsa se sacó la espina de 2002, cuando quedó afuera en primera ronda al frente de Argentina y buscará estirar su revancha personal nada menos que ante la verdeamarelha, en el único duelo sudamericano de octavos.

Un bodrinho


Nunca podrá comprobarse y seguramente quede en el olvido, como uno de tantos. Lo cierto es que el empate les servía a los dos, y ambos parecieron firmarlo antes de saltar al campo de juego. Con la igualdad, Brasil se aseguraba el primer puesto y Portugal entraba segundo, sin depender de nadie ¿El resultado? Un aburridísimo y triste 0 a 0, decepcionando a todos aquellos que esperábamos que tanta presencia de buen pie en la cancha brinde un espectáculo, por lo menos, aceptable.
Con la certeza de tener la clasificación en el bolsillo, Dunga decidió cuidar a Robinho y mandó a la cancha a Nilmar para acompañar a Luis Fabiano en ataque. La ausencia del jugador del Santos se sumaba a la ya sabida de Kaká, por la injusta roja en el partido frente a Costa de Marfil. Por su parte, Portugal llegaba con la chance de quedar primero en el grupo y dispuso de todos sus titulares para lo que, a priori, sería un partido de ida y vuelta, frenético.
Lo cierto es que nada de eso pasó y ninguno de los dos equipos se hicieron cargo del protagonismo del partido. Una primera parte en la que abundó la pierna fuerte (hubo siete amarillas) y una segunda en la que ambos equipos jugaron a lo ancho de la cancha, sin verticalidad, le pusieron el moño a un partido para el olvido.
Paralelamente, Costa de Marfil buscaba la hazaña de golear al eliminado Corea del Norte y esperar una ayuda de Brasil, y si bien la goleada se consumó (fue 3 a 0), el apático empate entre brasileños y lusitanos terminó de sepultar las esperanzas de los africanos, que se convirtieron en el quinto equipo sobre seis del continente en quedar afuera (Ghana es el único que accedió a octavos).
De esta forma, Portugal se convirtió en el segundo equipo (el otro es Uruguay) en pasar de ronda sin recibir siquiera un gol. Brasil consiguió su principal objetivo y quedó primero en el grupo, con dos victorias y un empate. Sus rivales se conocerán esta tarde cuando se defina el Grupo H, en el que Chile, España y Suiza pelean por dos lugares.

jueves, 24 de junio de 2010

Siamo fuori


Era previsible. A pesar de contadas excepciones (Grecia en la Euro 2004 o el mismo Italia en 2006), los equipos que no arriesgan, no ganan. Y los italianos son el claro ejemplo de un equipo que no arriesga. Un equipo que se arma de atrás para adelante, basado en el histórico pero algo antiguo catenaccio, con la diferencia de que cada vez hay menos potencial defensivo y ofensivo para llevarlo a cabo. Ya no están los Del Piero, los Totti o los Maldini. Un Cannavaro casi retirado, Pirlo y Gattuso que juegan bárbaro pero que no se identifican ni un poco con el sistema de juego italiano y una llamativa falencia ofensiva son las principales razones por las que Italia se despide en primera ronda. Un equipo desgastado, oxidado.
Marcelo Lippi, aquel que había llevado a Italia a la gloria en el Mundial de Alemania, se hizo cargo de la temprana eliminación y ya dejó su cargo. Cesare Prandelli, ex técnico de la Fiorentina, será el encargado de reemplazarlo y de sacar a flote a una Selección que se cae a pedazos.
En su partido fatídico, aquel que lo terminó de eliminar, Italia se encontró con una sorprendente Eslovaquia, que necesitaba una victoria para cumplir la utopía de pasar a octavos. Con un Vittek más que inspirado, los eslovacos se llevaron por delante al Campeón del Mundo y atacaron como si estuviesen jugando contra un equipo de juveniles. Con dos goles del delantero, uno en el primero y otro en el segundo tiempo, Eslovaquia se pusó 2 a 0 y la cosa parecía liquidada, pero Italia, con el último remo que le quedaba, marcó el descuento a través de Di Natale y fue como pudo, con lo que le quedaba. Sin embargo, el gol de Kopunek, a los 42, terminó de sentenciar el destino de ambos equipos. El descuento de Quagliarella, con tiempo cumplido, sólo servirá para la estadística.
Eslovaquia, que asomaba como uno de lo más débiles del Mundial, terminó segundo y jugará ante Holanda en octavos. Italia se vuelve a casa con la necesidad de una lavada de cara para salir de este duro momento. Seguramente, la recepción en su país será muy distinta a la que tuvieron cuatro años antes, cuando volvieron con la Copa. Traigan policías, que bronca sobra...

Ghana con la camiseta


De la Alemania que le clavó cuatro en el debut a Australia, la que metió miedo, desplegó un juego colectivo exquisito y asomó como gran candidato, poco queda. Con poquito, sufriendo y pidiendo permiso, el equipo de Joachim Low terminó primero en el Grupo D tras vencer a Ghana por 1 a 0 y se verá las caras en octavos frente a Inglaterra, en lo que sin dudas será el partido más atrayente de esa instancia. Por su parte, Ghana aprovechó la derrota de Serbia ante Australia y terminó segundo en el grupo, convirtiéndose en el único equipo africano en pasar de ronda, para enfrentar a Estados Unidos en octavos.
La clasificación de Alemania fue otro de los claros ejemplos de que en los Mundiales, la historia y la camiseta pesan y mucho. El partido frente a Ghana encontró a una Alemania dubitativa y llamativamente insegura en la última línea, lo que le permitió a los africanos tener las ocasiones más propicias para abrir el marcador. Pero claro está que éste no es el Mundial para los equipos de Africa y, a pesar de haber conseguido la clasificación, Ghana no fue la excepción. Su falta de definición ya es preocupante y esto se refleja en sus números: los de Milovan Rajevac clasificaron a octavos convirtiendo sólo dos goles en tres partidos, y ambos de penal.
Los alemanes terminaron triunfando gracias a un aislado remate de quien a esta altura podría llamarse la revelación del Mundial: Mesut Ozil. El volante del Werder Bremen, con 21 años, se puso al hombro un equipo que parecía dormido, y que ya empezaba a pispear lo que pasaba entre Serbia y Australia para no quedarse afuera. Su exquisito zurdazo le dio aire y tranquilidad a los teutones, que terminaron dominando y con la certeza de que el primer puesto era un hecho.
De esta forma, Alemania volvió a mostrar su poderío, a pesar de no haber desplegado ni la mitad de lo que habían hecho en el primer partido. Dato estadístico: Alemania nunca quedó afuera en primera ronda, en las 16 ediciones mundialistas en las que participó. Ahora que se venga Inglaterra, para seguir haciendo historia.

miércoles, 23 de junio de 2010

Como en Hollywood


La definición del Grupo C tuvo todos los condimentos que debe tener un final de película. Y, al mejor estilo Hollywood, la alegría fue toda para Estados Unidos, que estuvo a dos minutos de quedar afuera de octavos pero que alcanzó el gol al final y que a la alegría de haber pasado de ronda, le sumó la importancia de hacerlo como el mejor de su zona.
En el otro partido del grupo, Inglaterra recuperó algo de su juego y le alcanzó para derrotar a la pobre Eslovenia, que se quedó sin nada gracias al resagado gol de Donovan y se vuelve a casa con la bronca de haber estado a escasos segundos de hacer historia.
En Pretoria, Estados Unidos salía a la cancha con la necesidad de un triunfo ante Argelia, un equipo que había mostrado realmente poco en el torneo pero que, curiosamente, todavía mantenía chances de seguir en carrera. Así las cosas, los norteamericanos salieron decididos a comerse crudo a su rival, pero la falta de puntería, de suerte y de definición le imposibilitaron durante 91 minutos la chance de conseguir el ansiado tanto. El héroe de este film iba a ser, cuándo no, Landon Donovan, el eterno jugador que, luego de un rebote que dio el arquero argelino tras un disparo de Dempsey, empujó el balón y desató la algarabía de los del Norte, que hasta ese momento se estaban quedando afuera y que finalmente se alzaron con el primer puesto del grupo, para esperar en octavos al segundo del Grupo D (ojo, puede ser Alemania).
A kilómetros de allí, en Nelson Mandela Bay, Inglaterra ganaba gracias al gol de Defoe y comenzaba a festejar un primer puesto impensado hasta el momento, sobre todo por el pobrísimo rendimiento en las dos presentaciones anteriores (incluido un empate con Argelia).
Apenas finalizado el encuentro, cuando ambos equipos respiraban aliviados (los ingleses por el primer puesto y Eslovenia por el segundo), llegó el baldazo de agua fría para ambos. Un tal Landon Donovan sepultaba las esperanzas eslovenas de hacer historia y clasificarse por primera vez a octavos de un Mundial y la alegría inglesa por quedarse con un primer puesto más que sorpresivo.
Pero claro, como toda buena película de Hollywood, los que ganan son los buenos, o los menos malos. En este caso, los menos malos fueron los dirigidos por Bob Bradley, y los ingleses deberán rezar para que Alemania no le gane a Ghana y así evitar un posible choque contra los teutones en octavos.

martes, 22 de junio de 2010

No hay pochoclo que alcance


Iban 34 minutos del segundo tiempo, el partido estaba uno a cero y no había indicios de que Grecia quisiera o pudiera empatarlo. Fue ahí cuando todos los argentinos (excediendo las camisetas), sintieron que algo estaba por pasar. Maradona habló con Mancuso y Enrique, quienes les recomendaron que meta a Higuaín para definirlo, y Diego no dudó: ¡Martiiiiiin, vení!, se escuchó en el banco. Y ahí estaba él, con su torpe andar y su sonrisa de siempre. "Entrá y definilo", le dijo Diego al oído. A esta altura, los guionistas ya comenzaban a tronar sus muñecas previendo lo que venía. Otro de los capítulos de su extensa carrera de película estaba a punto de ocurrir.
Fue apenas nueve minutos después de su ingreso, a los 43, cuando el arquero Tzorvas (figura del partido) le negó uno de los tantos remates que ensayó Lionel Messi (ya va a entrar, nene) y el rebote lo encontró ahí, exactamente donde tenía que estar. De derecha, su pierna menos hábil, el goleador ubicó la pelota sobre la esquina inferior izquierda del portero griego y confirmó lo que se preveía. El abrazo posterior con Messi, la felicidad de Diego y las lágrimas de su hermano y su mamá en la tribuna serán actores estelares de su film. La emoción de cada hincha argentino, ya sea en Polokwane, Buenos Aires o La Quiaca, también.
Ya no quedan adjetivos que describan lo impresionante de sus hazañas. Ese mismo que le dio la clasificación a Argentina y motivó la palomita desenfrenada de Diego bajo la lluvia del Monumental. Ese mismo que, en una pierna, eliminó a Ríver de la Copa Libertadores, aquel mismo que se jacta de ser el máximo goleador en la historia de Boca Juniors. Ese excéntrico pibe que pasó por todos los looks, hoy es un hombre leyenda, y bien merecido se lo tiene.
Hoy forma parte de un grupo más que unido, que plasma la excelente convivencia interna dentro de la cancha a la perfección. Que a pesar de cambiar a más de la mitad del equipo sigue demostrando un inmenso poderío ante sus rivales. Que hoy terminó de sellar una fase de grupos perfecta, con tres victorias, siete goles a favor y sólo uno en contra.
El próximo escollo será México, como en 2006. No será fácil ni mucho menos, pero este equipo parece estar para cosas grandes. Con Martín Palermo como actor estelar, la Selección de Diego vive su propia película. Esperemos que el final sea el deseado, ese que todos esperamos. Por ahora, sólo nos conformamos con el trailer.

Andá vo´


Con cuatro puntos y la seguridad de que un empate les daría la clasificación a octavos, Uruguay y México se enfrentaban en Rustenburgo por la última fecha del Grupo A, al mismo tiempo que Sudáfrica y Francia (ambos con un punto y mínimas chances de pasar) hacían lo propio en Mangaung. Sin embargo, más allá de la tranquilidad de saber que con la igualdad todo estaría resuelto, ambos conjuntos sabían que una victoria les evitaría cruzarse nada menos que con Argentina en octavos, hecho que los dos veían con muy malos ojos.
Con este panorama, no llama la atención el vertiginoso comienzo del partido, en el que ambos salieron decididos a llevarse los tres puntos. Los uruguayos mostraron las armas de siempre, juego fuerte y la apuesta por sus dos tanques: Suárez y Forlán, más la velocidad de un eléctrico Edinson Cavani. México, por su parte, se mostró más prolijo en el mediocampo pero más inseguro atrás, lo que le permitió a Uruguay jugar cada vez más cerca del arco defendido por Oscar Pérez. Finalmente, cuando se moría el primer tiempo, un centro de Cavani encontró sólo por el segundo palo a Luis Suárez, que no perdonó y le dio a su equipo la tranquilidad de irse al descanso en ventaja.
Como era de esperarse, en el complemento el equipo de Oscar Tabárez se replegó atras y le cedió terreno y tenencia del balón a los aztecas, que ya sabían que Sudáfrica estaba ganando por dos goles y que su clasificación corría peligro. Enterado de esto, Javier Aguirre mandó a la cancha a Chicharito Hernández, autor de un gol contra Francia, para darle aún más poder ofensivo a su equipo, aunque el cerrojo propuesto del lado de enfrente parecía infranqueable.
Con el correr de los minutos, México se mostró cada vez más impreciso y de a poco se fue apagando, lo que le permitió a Uruguay frenar un poco el asedio y disponer de alguna que otra chance para liquidar el partido, como un gran cabezazo de Diego Lugano que Pérez desvió esforzadamente.
Desde Mangaung llegó la noticia del gol de Malouda y la tranquilidad para los mexicanos de asegurarse el segundo puesto del grupo. El resto del partido sirvió para que los uruguayos dejen correr los minutos, sabiendo que el primer lugar en el grupo les brinda la posibilidad de encontrarse con Corea del Sur en octavos, un rival respetable pero más que ganable.
Para México, la pesadilla se repite. El rival en octavos será Argentina, como en Alemania 2006, cuando Maxi Rodríguez clavó una bomba en tiempo suplementario y los dejó sin nada. El equipo deberá mejorar y mucho si no quiere que Messi y compañía se los coma en un taco.

lunes, 21 de junio de 2010

Se sacó la caspa


El multifacético e hiper marketinero Cristiano Ronaldo llevaba casi dos años sin convertir goles con su Selección, que algo que incomodaba no sólo al propio jugador, sino que también mantenía en vilo a sus compañeros, su técnico y todos los hinchas portugueses. En la previa del partido frente a Corea del Norte, Ronaldo había asegurado que rompería el maleficio frente a los asiáticos, y aunque le costó más de la cuenta y terminó anotando cuando el encuentro estaba más que liquidado, la racha se cortó.
Las condiciones de juego no eran las mejores: a la velocidad y fragilidad de la polémica Jabulani, la intensa lluvia le imprimía aún más vértigo al juego, y eso se notó en los primeros minutos. Portugal comenzó ambicioso pero impreciso. Corea se dedicó a esperar y aguantar las embatidas lusitanas. Sin embargo, de a poco los norcoreanos se animaron y tuvieron varias chances cerca del arco defendido por Eduardo. Llegó un momento del partido en que los asiáticos eran ampliamente superiores a su rival, que no lograba hacer pie en el rapídisimo césped del Green Point Stadium. Pero claro, máxima del fútbol, en su peor momento, Portugal logró abrir el marcador por intermedio de Meirelés y marcó un punto de inflexión en el partido.
A partir de ese momento, hubo un solo equipo en la cancha. Los coreanos acusaron el golpe más de la cuenta y se entregaron por completo. En el complemento, Simao (x2), Thiago, Hugo Almeida, Liedson y Ronaldo le pusieron el moño a la histórica goleada: 7 a 0.
Este resultado determinó que Corea del Norte sea el segundo equipo eliminado de la competición. Además, Portugal pasará a la próxima fase con un empate ante Brasil en la última fecha. Carlos Queiroz y todo el pueblo portugués esperan por fin la explosión definitiva de su estrella, ya que marcarle el sexto gol a un equipo vapuleado no termina de convencerlo. Algo de caspa queda...

domingo, 20 de junio de 2010

Lo pagó caro


Fue una victoria merecida, contundente y sin atenuantes. Sin embargo, Brasil terminó pagando el triunfo ante Costa de Marfil demasiado caro. Cuando todo estaba resuelto, con el partido 3 a 1, los africanos comenzaron a pegar en forma desmedida, y ante la pasividad del árbitro francés Lannoy, Kaká reaccionó dos veces, se fue expulsado y podría perderse el partido de octavos de final, si es que la FIFA decide darle dos fechas.
Claro que el máximo organismo del fútbol mundial, al ver los videos, caerá en la cuenta de la exageración del jugador marfileño ante el segundo choque con Kaká (el que originó la expulsión) y seguramente le dé a la estrella brasileña una sola fecha de suspensión.
El equipo de Dunga afrontó el partido con las ganas de cambiar la pálida imagen que había dejado ante Corea del Norte en el debut, y eso se notó. Enfrente, un Seleccionado africano con buenos jugadores y con el temible Drogba, abusó del respeto ante el pentacampeón y nunca se decidió por atacar. Tras un período de análisis del rival, Brasil puso primera y ya no hubo quien lo pare. Luis Fabiano abrió la cuenta en el primer tiempo y aumentó al comienzo del segundo, tras una excelente jugada personal que se vio opacada porque el delantero paró la pelota dos veces con la mano. Una linda jugada colectiva terminó en los pies de Elano, que marcó el tercero y terminó de sentenciar el partido. Costa de Marfil estaba para el cachetazo y sus jugadores comenzaron a hacerle sentir su rudeza a los brasileños, ante las aireadas quejas de Dunga hacia el referí.
Sin embargo, una gran corrida de Gervinho terminó en un centro hacia Drogba, quien perfectamente habilitado cabeceó a un palo y marcó el sorpresivo descuento. Claro que, con diez minutos por jugar, las chances de empatar eran más que remotas.
En ese último lapso, los cariocas se dedicaron a cuidar la pelota y a los africanos mucho no les gustó. Las faltas se sucedieron y una trifulca entre jugadores terminó con la expulsión de Kaká, que abandonó el campo de juego indignado y riéndose irónicamente de la decisión del juez.
A pesar de la bronca por la expulsión, Brasil limpió su imagen y comenzó a mostrar los pergaminos del pentacampeón, como para avisar que está vivo. Ya clasificado a octavos, restará esperar el rival para esa instancia, que saldría de España, Chile y Suiza.
Costa de Marfil, por su parte, volvió a mostrar una pobre imagen y ahora deberá ganarle a Corea del Norte y esperar los resultados de Portugal para seguir con vida.

Por el suelo


Parece que llegar a un Mundial con la mochila de ser el último campeón puede ser contraproducente. Le pasó a Francia en 2002, cuando quedó eliminado en primera ronda. Le pasó a Brasil en 2006, que a pesar de haber alcanzado los cuartos de final, nunca demostrar su característico alto nivel y terminó cayendo en manos de Francia. Todo indica que Italia no va a ser la excepción. El conjunto de Marcelo Lippi apenas empató ante la pobre Nueva Zelanda (tiene el ranking FIFA más bajo de las 32 selecciones participantes) y complicó sus aspiraciones de alcanzar los octavos.
Como para demostrarles a los italianos que no se la iban a hacer fácil, los neocelandeses se pusieron en ventaja a los siete minutos, cuando Smeltz aprovechó un grosero error de Cannavaro y empujó la pelota para sorprender al mundo entero.
Con la ventaja en el marcador, Nueva Zelanda se replegó y dejó jugar a los italianos, quienes mostraron una seria falta de ideas a la hora de hilvanar jugadas. A los 27, un pequeño agarrón en el área derivó en un penal para los europeos, que a esa altura ya comenzaban a perder la paciencia. Vincenzo Iaquinta no perdonó y decretó el empate, para darle algo de aire a una Selección perdida, sin rumbo.
A partir de ese momento, Italia tuvo el total dominio del balón, pero nunca pudo crear ninguna situación seria para vulnerar el arco neocelandés. Apenas dos remates desde afuera, uno de Montolivo en el primer tiempo que pegó en el palo y otro de Camoranesi que contuvo el arquero en el complemento, fueron las ocasiones que dispuso la Azurra romper la igualdad.
Nueva Zelanda, más que conforme con el empate, formó un cerrojo en la defensa que Italia nunca pudo romper, y hasta dispusó de una chance de ganarlo sobre el final, cuando Wood remató cruzado y el disparo pasó cerca del arco defendido ahora por Marchetti, quien reemplaza al histórico Gianluigi Buffon.
De esta forma, Italia sumó su segundo empate y deberá vencer a Eslovaquia para seguir en carrera. Nueva Zelanda también contabiliza dos igualdades y buscará una histórica clasificación cuando enfrente a Paraguay en la última fecha.

De primaVera


En los papeles era un partido accesible para el equipo de Gerardo Martino frente a Eslovaquia por la segunda fecha del grupo F. Pero claro, en este Mundial de las sorpresas y los bajones de los candidatos nada puede darse por descontado. Con una actuación sobria y sin sobresaltos, Paraguay finalmente triunfó por 2 a 0 con goles de Vera y Riveros y quedó a un pasito de la clasificación a octavos.
Llamativamente, a pesar de tener "la mejor delantera de la historia del país", según la palabra más que autorizada de José Luis Chilavert, los tres goles que marcaron los paraguayos en la competición no fueron obra de atacantes. En la igualdad frente a Italia, el gol lo convirtió el defensor Antolín Alcaraz y en esta victoria frente a los eslovacos, los tantos fueron anotados por los mediocampistas Enrique Vera en el primer tiempo y Cristian Riveros, cuando sólo quedaban cinco minutos de partido. Sin embargo, parece ser que los delanteros, lejos de sentir el bajón de no convertir, se están convirtiendo en una especie de "asistidores". El exquisito pase del argentino nacionalizado Lucas Barrios para Vera en el primer gol es una clara muestra de esto.
Con el triunfo, el conjunto paraguayo sumó cuatro puntos y quedó como único líder del grupo, sabiendo además que en la última fecha enfrenta a la débil Nueva Zelanda. Esto hace pensar que la clasificación es casi un hecho. El conjunto eslovaco, por su parte, deberá ganar o ganar frente a Italia en la si es que quiere soñar con los octavos.

sábado, 19 de junio de 2010

Chau chau, adiós...


Llegó con toda la fe, con la esperanza de por fín destaparse en un Mundial. El escenario ayudaba, primera Copa del Mundo en Africa, local en todos los partidos y apoyado en su jugador estrella, Samuel Eto´o, reciente campeón de la Champions League con el Inter. Lo cierto es que al Seleccionado camerunés, la ilusión le duró poco. Luego de perder en el partido inaugural frente a Japón, volvió a caer ante Dinamarca y se convirtió en el primer equipo eliminado de Sudáfrica 2010, confirmando el bajón futbolístico que vienen desplegando los equipos africanos (una victoria en once partidos).
Ambos conjuntos encararon este encuentro con la certeza de que una derrota los dejaba afuera. Con esa premisa, fue el equipo africano quien dominó gran parte del primer tiempo y logró abrir el marcador por intermedio de, cuándo no, Samuel Eto´o. Dinamarca volvió a mostrar las falencias que le costaron la derrota ante Holanda en el debut, pero como pudo fue en busca del empate. En ese lapso, el partido se hizo de ida y vuelta y parecía que tanto el empate de los europeos como el segundo de Camerún estaba al caer. Finalmente, fue Dinamarca quien consiguió la igualdad mediante Bendtner y los africanos parecieron acusar el golpe.
En la segunda mitad, los daneses se animaron más y desnudaron las graves falencias defensivas de Camerún, que a esa altura ya era un manojo de nervios pensando en la eliminación. A los 15, Rommedahl elaboró una buena jugada personal y definió con zurda para sellar el 2 a 1. A partir de ese momento, los africanos comenzaron a tirarle absolutamente todas las pelotas a Eto´o, como buscando en él una salvación que nunca llegó. El 9 del Inter hizo lo que pudo pero estuvo demasiado sólo durante todo el encuentro.
Este resultado, además de condenar a Camerún, le dio el pasaje a Holanda a octavos de final, por lo que Dinamarca deberá batirse cara a cara frente a Japón por el segundo cupo disponible en la última fecha.

Sin la mano no Ghana


Es llamativo lo que le está pasando al Seleccionado ghanés en este Mundial. En el primer partido, frente a Serbia, necesitó de un penal causado por una grosera mano para abrir un marcador que parecía cerrado y conseguir un valioso triunfo por la mínima. En su segunda presentación, arrancó dormido y padeció los embates de una Australia urgida por el triunfo, que sacó ventaja con el gol de Holman, quien aprovechó el rebote largo que dio el arquero Kingson ante un débil remate y sólo tuvo que empujarla para decretar el 1 a 0.
Pero claro, Ghana parece tener un Dios aparte que le brinda soluciones cuando las cosas vienen complicadas. Esta vez fue Kewell, el 10 australiano, quien parado sobre la línea de su arco paró con la mano un potente remate y no sólo le dio un penal a los africanos, sino que dejó a su equipo con diez hombres en el mejor momento de los oceánicos. La pena máxima fue capitalizada por Gyan, como ante los serbios, y Ghana alcanzó la igualdad, sabiendo que todavía disponía de un tiempo y medio para ir por la victoria.
Sin embargo, Australia supo replegarse bien atrás e impedir que las aproximaciones africanas terminen con su arco vulnerado. Un disparo de Boateng sobre el final del primer tiempo que el arquero australiano tuvo que esforzarse para mandar al corner fue la más clara de Ghana en todo el partido. Aunque también pudo haberlo perdido sobre el final, cuando los Canguros, sabiendo que un empate los dejaba casi afuera fueron con todo por una hazaña que nunca llegó.
Pese a poder haberlo ganado, el empate no le sentó mal a los africanos, que con un empate ante Alemania estarán en octavos. Para Australia la igualdad significó casi una despedida, ya que necesitarán un triunfo abultado en la última fecha frente a Serbia y una victoria ghanesa ante los alemanes, pero con el pobre juego mostrado hasta ahora, parece imposible que los dirigidos por Verbeek accedan a la siguiente fase.

Piel naranja


Muchas veces se dice que hay partidos que se ganan "con la camiseta". Los no entendidos del fútbol que no logran comprender lo que esto significa deberían haber visto el partido entre Holanda y Japón para caer en la cuenta de lo que es ganar de esta forma. Haciendo muy poco y apelando a su chapa mundialista, a los europeos les alcanzó para ganarle por la mínima a un disminuido equipo asiático y poner un pie y medio en octavos de final, a la espera de lo que pueda pasar esta tarde cuando se enfrenten Camerún y Dinamarca.
Lo ganó con la camiseta porque no tuvo que hacer mucho para doblegar a un equipo que venía de ganarle a Camerún y que llegaba con la esperanza de sacar, por lo menos, un empate. Con apenas escasos destellos de sus figuras, Holanda supo abrir el marcador y después manejar el trámite del partido a su antojo. Del otro lado, Japón se mostró desconcertado y falto de ideas, aunque daba la impresión de que si hubiese sido un poquito más ambicioso, podría haberse llevado algo más.
Pero claro, volvemos a lo de la camiseta. Como en el primer partido ante Dinamarca, los dirigidos por Van Marwijk presentaron una formación que, de tres cuartos para adelante, mete miedo: Sneijder, Van Bommel, De Jong, Van der Vaart, Van Persie y Kuit, más el lesionado Robben que estará disponible a partir de los octavos. Con estos nombres propios, más la irregularidad y el pobre juego desplegado por los otros equipos que asomaban como candidatos, le dan a la Naranja Mecánica los pergaminos necesarios como para aspirar seriamente a conseguir de una vez por todas, un título mundial (fue sub-campeón en 1974 y 1978). Pero también deberán tener en claro que para seguir con vida a partir de octavos, estas piezas deben comenzar a ensamblar de la mejor forma, todavía una deuda pendiente para los tulipanes.
Por ahora, les alcanza con la camiseta, esa tela naranja que hace rememorar a grandes como Cruyff, Gullit o Van Basten, próceres holandeses que no pudieron conseguir la alegría máxima de ser campeones del mundo. Esta versión 2010 tiene con qué. Habrá que ver cómo absorben la presión de un pueblo colmado de grandes figuras, pero hambriento de gloria.

viernes, 18 de junio de 2010

Poné a los hooligans


Ya no sabe qué hacer Fabio Capello. Es más, en estos momentos, debe estar buscando un lugar para esconderse, o una pala para enterrarse lo más profundo posible. Es que su equipo, aquel al cual se cansó de tirarle flores, parece no encontrar el rumbo y sumó su segundo empate en la Copa, esta vez ante el modesto Argelia, que hasta pudo haber ganado el partido si se animaba un poquito más.
En un partido que tuvo la particularidad de que los técnicos de ambos equipos decidieron cambiar a sus arqueros titulares respecto del anterior encuentro por sendos errores groseros, llamativamente fue Argelia quien dominó los hilos, sobre todo en el primer tiempo. De la mano de Ziani, un interesante y rápido mediocampista, los africanos se le animaron a esta pálida versión inglesa, que nunca encontró el rumbo del partido. Sus volantes estrella, Lampard y Gerrard, jamás le encontraron la vuelta al encuentro y el marketinero Wayne Rooney no gravitó en lo más mínimo, dejando a las claras el profundo déficit futbolístico que sufren los europeos por estos días.
En la segunda mitad, Inglaterra dispuso de alguna que otra aproximación y se animó un poco más con los ingresos de Wright-Phillips y Defoe, pero Argelia sumó a su buena producción ofensiva una correcta labor en la defensa, y el arco defendido ahora por Mbohli nunca estuvo en serio riesgo. Sobre el final, como contra Estados Unidos, Capello tiró su manotazo de ahogado y puso al grandote Crouch para aunque sea capturar algún ladrillo que le tiren los volantes, pero esto obviamente tampoco le resultó.
En el futuro inmediato de Inglaterra se viene Eslovenia, sorpresivo líder del grupo con cuatro puntos. Para clasificar a octavos sin depender de nadie, los de Capello deberán vencer sí o sí a los eslovenos. Cualquier otro resultado lo haría depender de cómo salgan estadounidenses y argelinos en el otro encuentro.

Es el Ave Fénix


Cuando parecía que todo estaba perdido y los ayudantes del plantel ya estaban averigüando por los pasajes de vuelta, Estados Unidos resurgió de sus cenizas y empató un partido que tenía perdido ante la sorprendente Eslovenia, que tuvo un gran primer tiempo pero que en el segundo volvió a mostrar el bajísimo nivel que desplegó en el debut frente a Argelia. Y lo terminó pagando muy caro.
Cuando nadie lo esperaba y todos daban como favorito al seleccionado de Bradley, Eslovenia sorprendió saliendo a jugar el partido a cara de perro, como si fuera el último. De la mano de Birsa, su número 10, los europeos consiguieron la apertura del marcador y, no conformes con eso, armaron una letal contra que definió Ljubijancik para plasmar en el resultado la diferencia de criterio que había entre ambas selecciones. Eslovenia buscaba con orden y firmeza en la defensa para contrarrestar los aislados pelotazos estadounidenses.
Pero claro, en la segunda mitad, todo pareció volver a la normalidad. Estados Unidos, con más vergüenza que fútbol, salió decidido a buscar la igualdad. Apenas tres minutos habían pasado cuando Donovan descontó con un potente derechazo y le dio algo de vida a un agonizante equipo norteamericano. Siempre de la mano del 10, varias fueron las chances desperdiciadas por el equipo de Bob Bradley, que finalmente llegó a la igualdad a falta de nueve minutos para el cierre del partido. Un centro de Donovan desembocó en la cabeza de Altidore, que le sirvió el gol a Michael Bradley, hijo del DT, para desatar la euforia estadounidense y sepultar las esperanzas de los eslovenos de transformarse en el primer equipo clasificado a octavos.
Pero había más, ya que Estados Unidos no se contentó con el empate y siguió yendo al frente. A los 39, Edú cabeceó un centro de Donovan para darle la heróica victoria a su equipo, aunque el referí malinés Koman Coulibaly lo anuló nadie sabe porqué ¿Offside? no hubo, ¿Mano? ni por asomo. Igualmente, y pese a la bronca del final, los norteamericanos quedaron mejor parados ya que una victoria ante la debil Argelia en el último partido les dará el pasaje a octavos.
Para Eslovenia quedará la espina de haber estado a sólo nueve minutos de clasificar y la certeza de que tendrá que salir a jugarse todo nada menos que ante Inglaterra el próximo miércoles.

Serbía para algo


Lo poco o nada que había mostrado Serbia en la caída ante Ghana y el gran juego contundente desplegado por Alemania en la goleada frente a Australia planteaban un panorama más que favorable para que los teutones se aseguren la clasificación a octavos en esta segunda fecha del Grupo D. Pero claro, esto es fútbol. Y esto es un Mundial. Para sorpresa de propios y ajenos, Alemania fue una sombra del gran equipo del debut y le permitió a Serbia alzarse con un triunfo impensado.
El primer tiempo fue decididamente malo. Los delanteros alemanes no recibían la pelota y el medio campo se hundía en un mar de piernas serbias, que le imprimían al juego la fricción necesaria para que el equipo de Low no pueda desplegar su juego. A los 36 llegaría el minuto fatal para Alemania. Primero, el árbitro Alberto Undiano expulsó al goleador Miroslav Klose por doble amarilla e inmediatamente Jovanovic conectó una volea en el área chica tras un centro de Zigic y decretó lo que sería el único gol del partido. Baldazo de agua fría para Podolski y compañía, que con un hombre menos y jugando decididamente mal debían remontar un resultado adverso.
Lo buscó durante todo el complemento el conjunto alemán, que hasta dispuso de un penal por una nueva mano en el área de un defensor serbio. Pero el remate de Podolski fue bien contenido por el arquero Stojkovic, figura del partido, y las esperanzas de alcanzar el empate terminaron de diluirse.
De esta forma, Serbia sacó un triunfazo de la galera, que le permitirá clasificarse a octavos con una victoria en la última fecha ante los australianos. Para Alemania será tiempo de replanteos y de analizar el porqué del cambio tan brusco entre el equipo que brilló en el debut y éste que cayó ante un apático conjunto serbio.

jueves, 17 de junio de 2010

Probá con el horóscopo Azteca


La excentricidad del técnico francés, Raymond Domenech es más que conocida. El hecho de haber dejado a dos jugadores fuera del plantel por su signo zodiacal, también. Muchas veces, la excentricidad en ciertos personajes se termina justificando con resultados, pero Domenech fue la excepción a la regla. Su Selección volvió a jugar pésimo, sin convertir goles y quedó casi afuera del Mundial. Para no desentonar con la apatía de sus dirigidos, Domenech dejó nuevamente a Henry en el banco y terminó de sentenciar la historia en favor de los mexicanos, que terminaron imponiéndose por 2 a 0.
Sin su figura en la cancha, Francia sólo asomó la cabeza cuando al irregular Ribery se le ocurrió aparecer, algo que pasó muy poco durante el encuentro. El resto, bien gracias. La fragilidad defensiva volvió a ser una constante, a punto tal de que, cualquier aproximación mexicana (sobre todo de Dos Santos) se transformaba en un serio riesgo para el arco de Lloris.
Con todos estos condimentos, parece imposible que una Selección que entró por la ventana al Mundial (en el repechaje contra Irlanda le regalaron un gol tras una alevosa mano) alcance la segunda ronda. Sin embargo, las esperanzas francesas no están perdidas. Con una goleada ante Sudáfrica y una victoria de Uruguay o México estará en los octavos.
Del otro lado, México es pura felicidad. Después de un arranque dubitativo frente al anfitrión, se hizo fuerte frente a los galos y supo capitalizar en el marcador la superioridad demostrada sobre todo, en el segundo tiempo. De esta manera, alcanzó los cuatro puntos y lidera el grupo A junto a Uruguay, aunque con menor diferencia de gol. Un empate le asegurará al equipo de Javier Aguirre la clasificación, aunque deberá buscar los tres puntos si es que quiere evitar a Argentina en la próxima fase.

Grecia vive


La importancia y relevancia de la Antigua Grecia para el desarrollo de la humanidad es innegable. Cuna de la civilización occidental, la democracia y los Juegos Olímpicos, los griegos tienen, sin dudas, una de las historias más ricas en cuanto a leyendas y realidades.
Esta versión 2010 de la Selección griega de fútbol difícilmente quede en la historia como sus antepasados o como aquellos que consiguieron la hazaña de alzarse con la EuroCopa 2004, pero igualmente continúa alimentando la esperanza de seguir con vida en el Mundial de Sudáfrica. Cuando tenían todo para perder y estaban para el cachetazo, los de Otto Rehhagel dieron vuelta el partido ante Nigeria y consiguieron la primera victoria para su país en una Copa del Mundo. Además, se prendieron en la pelea y se mantienen con chances de alcanzar los octavos, aunque para entrar en la historia deberán vencer nada menos que a la Argentina de Maradona.
Tanto nigerianos como griegos salieron a la cancha sabiendo que una derrota los dejaría prácticamente fuera de la pelea, pero fueron los africanos los que contaron con los recursos como para aspirar a la victoria desde el arranque. La conjugación de velocidad y potencia fue la clave para que durante gran parte del primer tiempo haya un sólo equipo en la cancha. En este contexto, el gol de Kalu Uche le puso justicia al marcador y todo parecía encaminarse hacia una cómoda victoria nigeriana.
Sin embargo, el curso del partido cambiaría rotundamente a los 33 minutos, cuando una tonta agresión de Sami Kaita dejó a las Aguilas Verdes con un hombre menos y le dio vida a una Grecia que agonizaba. Para peor, el conjunto europeo alcanzó la igualdad con el tiempo cumplido y se fue al vestuario sabiendo que tenía todo para conseguir la victoria.
El comienzo del complemento mostró a ambos equipos decididos a atacar. Nigeria, con las armas de siempre y el orgullo herido. Grecia, con la ventaja de la superioridad numérica y las fichas puestas al juego aéreo. En ese frenesí, el arquero Enyeama, aquel que se cansó de atajarle pelotas a Messi, cometió su único error en la Copa: dio rebote ante un remate que tranquilamente podía capturar y le dejó servido el gol a Vassilius Torosidis, quien no perdonó.
Así las cosas, el final del partido dejó la puerta abierta a la ilusión helénica, sabiendo que una victoria y hasta un empate ante Argentina puede llegar a depositarlo en octavos. Por su parte, Nigeria perdió su segundo partido pero llamativamente, todavía tiene chances. Una victoria ante los coreanos y una derrota de su rival de hoy les daría el pasaje a la próxima fase.

¡Pipón!


Se sabía la importancia de quedarse con los tres puntos y también se sabía la importancia de obtener la contundencia que no se tuvo ante Nigeria en el debut. Más convencido que nunca de estas premisas, Diego Maradona plantó un equipo más que ofensivo, con Maxi Rodríguez en lugar del lesionado Verón y las cosas salieron redonditas. Si bien Lío Messi no estuvo tan desequilibrante como en el primer partido y no pudo debutar en la red, el que sí lo hizo fue Gonzalo Pipita Higuaín, que convirtió todas las que había fallado ante Nigeria y se anotó con un hat-trick para quedar como único goleador del certamen. El 4 a 1 final trajo la tranquilidad necesaria como para afrontar el partido con Grecia, en el que seguramente habrá una rotación importante.
La Selección arrancó el partido como para golear, una vez más. Mucho toque en el medio, precisión en los pases y velocidad en el arranque hacían prever que el gol estaba al caer. Sin embargo, la apertura del marcador no llegó por abajo, ni siquiera fue un jugador argentino el encargado de abrir el partido. Un centro de la izquierda de Messi encontró en el punto penal a Chu Young Park, a quien le rebotó la pelota en la pierna y fue a parar al fondo de su arco.
Con la ventaja, Argentina creció aún más. Messi y Tévez eran los dueños de la pelota y los coreanos comenzaron a recurrir a las faltas para pararlos. Otro centro, esta vez de Maxi Rodríguez, desembocó en la cabeza de Higuaín, que decretó el segundo y todo parecía definido. Sin embargo, un grave error de Demichelis en la salida le permitió a Young Chung marcar el descuento antes de irse al descanso con la incertidumbre de estar sólo un gol arriba.
La segunda mitad mostró un equipo argentino no tan punzante, como con miedo a arriesgar. Ante esto, Corea se animó un poco más y desperdició dos chances claras para empatar un partido que, a esa altura, ya era parejo.
En el peor momento de Argentina, llegó la bocanada de aire fresco para Diego y sus dirigidos. Una corrida eléctrica de Messi, en la que el rosarino terminó pateando dos veces al arco y primero el arquero y luego el palo le negaron el gol, fue a parar, donde sinó, a los pies de Higuaín, que estaba en el lugar justo en el momento indicado, premisa clave para todo goleador.
Ahora sí, definitivamente, había olor a partido liquidado. Los coreanos, resignados, sólo se dedicaron a evitar la goleada y no atacaron nunca más. Maradona mandó a la cancha a su yerno, Sergio Agüero, en lugar de un agotado Tévez y el Kun respondió a la perfección. Como para demostrarle al padre de su señora que puede ser titular, el ex Independiente se mostró con una rápidez envidiable y coronó su gran actuación con una exquisito pase de primera y por arriba a Higuaín, que le cambió el palo al vapuleado arquero coreano y selló el resultado final. Una pinturita.
La goleada dejó muchísimas cosas positivas, pero también será tiempo de analizar las negativas. El principal déficit argentino está en la defensa. Demichelis está llamativamente impreciso, lo había mostrado contra Nigeria y lo confirmó contra Corea, aunque esta vez su imprecisión le costó nada menos que un gol en contra. Por todo esto, y teniendo en cuenta que los rivales de la segunda fase seguramente tendrán más poder ofensivo que los dos primeros adversarios, Maradona deberá ajustar las piezas de una defensa que no muestra solidez y que, cada vez que la atacan con seriedad, tiembla. Sumado a esto, Walter Samuel salió lesionado y su presencia en los próximos partidos está en duda.
El resto, aprobado. Sobre todo Maradona, quien acertó al mandar al Kun a la cancha y comenzó, de a poquito, a acallar las muchas voces que lo tildan de mal técnico y de saber poco de táctica. Esta vez, su mano, la de Dios, fue la que le cambió la cara al equipo en el segundo tiempo. Como para ya comenzar a pensar en los octavos de un Mundial en el que Argentina es cada vez más candidato.

domingo, 13 de junio de 2010

No le pesó el traje


La mochila de ser candidato parece estar cada vez más pesada para los favoritos a ganar el Mundial. Lo mostró Francia, que no pudo quebrar a un insulso Uruguay. Lo sufrió Argentina, que a pesar de haber ganado tuvo que sufrir hasta el final. Lo confirmó Inglaterra, que tuvo que conformarse apenas con un empate hasta Estados Unidos. Pero siempre hay una excepción a la regla, en este caso, la Selección alemana, que pasó por encima a Australia y dio una verdadera cátedra de fútbol, como para dejar bien en claro que tienen potencial de sobra para acceder a su octava final en Mundiales.
El partido fue desparejo desde el arranque. Australia tuvo sólo una situación de riesgo, apenas comenzado el partido y absolutamente nada más. A los ocho minutos, una excelente jugada colectiva terminó con un potente zurdazo de Lucas Podolski, quien abrió el marcador y dio paso a lo que terminaría siendo una demostración absoluta de lo que hay que hacer adentro de una cancha.
Empezando por Philipp Lahm, incansable capitán y constante salida por la izquierda del equipo (él fue quien mandó el centro para que Klose convirtiera de cabeza el segundo gol), siguiendo por Swasteinger y Muller, que coparon el mediocampo y llevaron siempre peligro al pobre arco australiano (Muller convirtió el tercero tras una jugada colectiva exquisita). Finalmente, de tres cuartos de cancha para adelante estuvo lo mejor de Alemania (si es que hubo algo peor). Mesut Ozil, jugador del Werder Bremen que está disputando su primer Mundial, se cansó de habilitar a los delanteros, Klose y Podolski, con milímetricos pases que siempre llegaron a destino. Fue Ozil, con una desfachatez pocas veces vista en un jugador alemán, el encargado de darle frescura al ataque del equipo de Low. Finalmente, tanto Klose como Podolski y posteriormente Cacau y Mario Gómez (el brasileño convirtió el cuarto tras empujar a la red una gran habilitación de Ozil), fueron una constante referencia en el área australiana para volver locos a los defensores, que todavía deben estar intentando encontrar la pelota.
En definitiva, a pesar de la debilidad del rival, Alemania demostró que tiene todavía más potencial que el Mundial pasado, cuando llegó a la semifinal. Con este panorama, habrá que ver cómo responden los candidatos que todavía faltan debutar, para determinar si alguno tiene, por lo menos en rendimiento, aunque sea un poco de lo tanto que mostraron los teutones en su primer partido.

Con Ghanas


El segundo partido de la jornada de Domingo tenía para los argentinos un gustito especial. Es que, más allá de que se enfrentaban las seleccciones de Serbia y Ghana, el árbitro del partido era Héctor Baldassi, representante albiceleste, en lo que iba a ser su debut arbitrando un Mundial.
Con la inevitable tendencia argenta de defender a los nuestros a capa y espada, sean jugadores de fútbol, pesistas o saltadores con garrocha, el ojo de los argentinos estaba puesto mucho más allá del resultado del partido, en lo que pudiera hacer el cordobés. Y Baldassi cumplió con creces. Supo mantener la autoridad en un partido movedizo e impuso orden cuando alguna jugada merecía amonestación. Sumado a esto, tuvo la sobriedad para cobrar una mano el área serbia (previa consulta al línea Casas), que finalmente terminaría por definir el partido. Más que aprobado para el mejor referí argentino.
En lo que respecta al juego, el comienzo mostró ambos equipos dispuestos a jugar, con claras intenciones de atacar. En ese sentido, fue algo mejor Serbia en la primera parte, desplegando el juego por las bandas y desnudando las falencias defensivas del conjunto africano.
En la segunda mitad, el partido decayó en nivel y ambos equipos sintieron el desgaste desplegado en el primer tiempo. Así las cosas, las chances de gol fueron más escasas y todo parecía indicar que el match se convertiría en el cuarto empate del Mundial.
Pero sobre el final, Zdravko Kudmanovic saltó a rechazar un centro y terminó impactando la pelota con su mano, Baldassi consultó con Casas, cobró penal y Gyan cambió la pena máxima por gol, para darle a Ghana una victoria vital en sus aspiraciones de superar la primera ronda.

Traigan arqueros...


...que errores sobran. Tanto se habló de la polémica Jabulani, la pelota del Mundial, que los arqueros del Grupo C parecen haberse tomado en serio la problemática. Ayer Robert Green, arquero inglés, le regaló el empate a Estados Unidos cuando se le escapó un más que inofensivo remate de Dempsey. Hoy, como para confirmar la disputa arqueros - Jabulani, el portero argelino, Faouzi Chaouchi, no quiso ser menos que su par inglés (o mejor dicho, sí quiso serlo) y cometió un increíble error ante un lejano y débil disparo cruzado que terminó sentenciando un pobre partido frente a Eslovenia, en el debut de ambas selecciones.
Si bien durante los noventa minutos los argelinos fueron los únicos que intentaron hilvanar alguna que otra jugada de peligro, el partido habría terminado en cero sino hubiese sido por el blooper de Chaouchi. Y estaba bien. Una victoria era demasiado premio para cualquiera de los dos. Y lo fue para Eslovenia, un conjunto que nunca había ganado en un Mundial y que terminó accediendo a los tres puntos sin merecerlo.
Otro de los factores que terminó pesando en el mentiroso resultado final fue la tonta expulsión de Ghezzal, el mejor de los argelinos, que se fue a las duchas antes de tiempo por doble amarilla y dejó a su equipo con uno menos, quizás en su mejor momento.
Ante esto, los eslovenos no tuvieron otra que intentar atacar, aunque quedó demostrado que, a falta todavía del debut de varias selecciones, sin dudas será uno de los equipos más flojos del Mundial.
Y así fue que llegó el minuto 33 del complemento, un aislado tirito de Koren, el increíble error de Chaouchi y el festejo de los eslovenos, quienes no podían creer haberse quedado con tanto habiendo hecho tan poco.

Está verde


Durante los días previos al debut mundialista, Fabio Capello se encargó de agigantar ante todo micrófono que se le pusiera adelante a su equipo. Que Inglaterra tiene uno de los mejores planteles, que se ve jugando la final, etcétera, etcétera. Sin embargo, en la cancha no se vieron los pingos. O mejor dicho, el pingo se lo comió el arquero Green, a quien se le escapo un tirito de Dempsey y terminó regalándole el empate a una Selección de Estados Unidos que nada había hecho para merecerlo.
Claro que, más allá de lo insólito del error del portero, sería algo injusto echarle toda la culpa al blooper. Lo cierto es que Inglaterra careció de potencia en todas las líneas y, a pesar de haberse puesto en ventaja a los tres minutos de juego, nunca supo a qué estaba jugando y varias de sus figuras estuvieron en nivel bajísimo. Ni Rooney, ni Gerrard ni Lampard tuvieron la suficiente grandeza como para llevar a su equipo a liquidar a un rival que parecía knock out.
Sin embargo, la poca decisión del equipo inglés a buscar el segundo gol le permitió a los norteamericanos ir en busca de un empate que parecía muy lejano ¿La fórmula? Landon Donovan, el interminable volante que fue el encargado de hacer preocupar, aunque sea un poquito, a el equipo de Capello. Sobre el final del primer tiempo vino el error de Green y los equipos se fueron al descanso en tablas.
Para el segundo tiempo, cuando todos esperaban una reacción de Inglaterra, nuevamente quedó demostrado que a este equipo inglés todavía le falta y mucho para considerarse una potencia. La desesperación por conseguir una victoria llevó al equipo a desordenarse y bombardear al arco defendido por Tim Howard a los ponchazos. Pero la mala puntería de los delanteros y la muy buena actuación del arquero estadounidense terminaron con las aspiraciones inglesas. Enfrente, un Estados Unidos al que el empate le sentaba de maravilla sólo atinó a defenderse y hasta pudo preocupar en el arco rival con algún que otro contraataque.
Desde el banco, un Capello desesperado mandó a la cancha al Marley inglés, Peter Crouch, pero el gigante sólo pudo bajar un par de centros en el área rival que no sirvieron absolutamente para nada.
Tendrá que trabajar Inglaterra. Tendrá que trabajar Capello. Porque el equipo que presentó anoche dista mucho de uno que realmente quiere aspirar a algo serio.

sábado, 12 de junio de 2010

Por una cabeza


Estuvo el desequilibrio de Messi. También el coraje de Tévez y la insistencia de Higuaín. Sin embargo, contra todos los pronósticos, el héroe de la tarde de Sudáfrica en el debut argentino fue Gabriel Heinze. Sí, aquel mismo eternamente resistido por los hinchas se encargó de convertir de palomita el único gol del partido, para que el equipo de Diego Maradona arranque con el pie derecho su sueño mundialista.
La previa del partido fue por demás emocionante. Un Maradona que salió a reconocer el campo de juego como un niño, se encargó de saludar enérgicamente a cada uno de los miles de argentinos que asistieron al debut. Como si fuera poco, también tuvo tiempo para acercarse hasta donde estaban sus hijas y el pequeño Benjamín, su nieto, que le regaló una catarata de besos a distancia.
Con este preámbulo, todo estaba planteado para la fiesta. Y el partido arrancó con la misma tónica, porque al minuto de juego Messi habilitó a Tévez en el punto penal y un defensor nigeriano llegó justo para ahogar el grito. Era un aviso de lo que venía. Porque escasos minutos después, un corner de la derecha encontró sólo en el área al Gringo Heinze, quien ensayó una palomita excelente que se coló en el ángulo, para abrir el marcador antes de que se cumplan los diez minutos de juego.
El gol le dio tranquilidad a Argentina, que intentó siempre jugar la pelota y hacerla circular con los muy buenos pies de sus hombres de mitad de cancha para adelante. Messi remató dos veces e hizo lucir a Enyeama, arquero nigeriano que luego se transformaría en la indiscutida figura del partido. Otra apilada del rosarino dejó libre a Gonzalo Higuaín para definir, pero su remate salió al lado del palo.
¿Nigeria? Inquietó muy poco en el primer tiempo y pareció acusar el golpe del gol tempranero. Apenas algunas aproximaciones por el carril izquierdo, aprovechando la soledad de Jonás Gutiérrez en su banda para cubrir, pudieron haber terminado en buen puerto, pero los delanteros parecían desconectados.
El segundo tiempo arrancó con la misma tónica del primero. Argentina buscando, Nigeria esperando. Sin embargo, los nigerianos parecieron descubrir ciertas falencias en el fondo argentino y se animaron más. Tuvieron dos o tres situaciones claras que no terminaron en gol porque la precisión en los últimos metros no es algo que caracterice al equipo africano. Algunos jugadores argentinos parecieron sentir el cansancio y el equipo de Diego no lograba cerrar el partido, a pesar de contar con un rapidísimo Messi, que tuvo dos situaciones más en el complemento que no pudo concretar.
Maradona, sabiendo a la perfección esa vieja regla del fútbol que dice "Los goles que no se hacen en un arco, se sufren en el propio", metió mano y mandó a la cancha a Burdisso para cuidar el resultado. Pero parecía que no iba a hacer falta mucho porque las pocas luces de Nigeria de mitad de cancha para adelante eran notorias y sólo restó esperar el pitazo final del árbitro.
Fue victoria y estuvo bien, hasta podría haber sido más abultada. Sin embargo, quedarán en el tintero algunas falencias defensivas que ante un equipo de mayor jerarquía no pueden aparecer y la falta de definición en el arco rival, algo vital para seguir alimentando la esperanza. Se dio el primer paso, ahora quedan seis más.

Al trote


Poco se esperaba de este partido. Y la realidad es que poco pasó. Apenas dos avances serios, uno por arriba y otro por abajo, le permitieron a Corea del Sur superar a esta pálida versión griega y conseguir un triunfo que puede ser muy importante pensando en la clasificación a octavos.
Los coreanos saltaron a la cancha sabiendo la importancia de conseguir los tres puntos en el primer partido, sabiendo que en la próxima fecha enfrentan a la envalentonada Selección Argentina. Así las cosas, sólo pasaron seis minutos para que el marcador deje de estar en cero. Un centro aislado encontró solo a Lee, quien solo tuvo que empujar la pelota para empezar a torcer la historia en favor de los asiáticos.
Grecia, lejos de reaccionar, sólo atinó a buscar con pelotazos alguna corajeada de sus delanteros, que jamás apareció. Corea, por su parte, se apegó muy bien a su libreto. Con la ventaja en el marcador, supo manejar bien la pelota y sorprender con alguna corrida de sus rápidos atacantes, ante la increíble pasividad de los defensores griegos.
Ya en la segunda parte, a los siete minutos, apareció la figura coreana del Manchester United, Ji Sung Park, que robó una pelota en la mitad de la cancha e inició una corrida frenética que terminó definiendo sobre la salida del pobre arquero Tzorvas.
Con poco, muy poco, los coreanos demostraron que no se la van a hacer fácil al equipo de Maradona. Grecia, por su parte, parece haber venido sólo a hacer turismo a Sudáfrica, dejando claro que la hazaña de la EuroCopa 2004 fue apenas un lejano espejismo.

viernes, 11 de junio de 2010

Mucho ruido, pocas nueces


En la previa, olor a partidazo. De un lado, la poderosa Francia del polémico Raymond Domenech (aquel que dejó afuera de la lista a dos jugadores por ser de Escorpio). Del otro, la garra charrúa, la Selección de Oscar Tabárez, en lo que, a priori, se vislumbraba como uno de los choques más interesantes de toda la primera ronda.
Bastó sólo con observar los primeros minutos de juego para despertar del sueño. Imprecisiones, especulación por lo que podría llegar a hacer el rival y muy, pero muy poco juego fueron los factores comunes durante todo el partido. Del lado de Francia, apenas algunos esbozos de Ribery, que con su gambeta y velocidad logró llevar algo de peligro al arco uruguayo, sobre todo en la primera etapa. El resto, poco más. Con un Henry que arrancó en el banco y que cuando ingresó sólo tuvo un cabezazo que pasó cerca, Francia volvió a sufrir la falencia de gol, y dejo claro lo lejos que está de aquel equipo que triunfó en 1998 y que fue finalista en 2006, de la mano de un Zidane que cada vez es más extrañado.
Por el lado uruguayo, menos todavía. La falta de conexión entre los delanteros y el resto del equipo fue notable. Un mediocampo que nunca pudo dominar la pelota y que sólo apeló a tirarle pelotazos aislados a Forlán y Suárez (entre los dos sumaron una increíble cantidad de offside). Quizás el consuelo y lo único rescatable fue, una vez más, el temple y la lucha que entregó el equipo para arañar aunque sea un punto, sobre todo después de la expulsión de Lodeiro por doble amonestación. Esto obligó a Uruguay a replegarse en su campo y hacer que los minutos corran, para terminar dejando el resultado que mejor le quedaba al partido: 0 a 0.